EDITORIAL    

La derrota oficialista

Al haberse impuesto el pasado domingo el voto nulo en las elecciones judiciales por margen tan alto, a lo que necesariamente corresponde añadir la votación opositora al régimen vigente, se llega a una conclusión indubitable: el gobierno de Evo Morales ha sufrido un revés contundente, pues no se obedeció a su convocatoria, pero sí el electorado aprovechó para dirigirle un mensaje.

En términos políticos y morales, la ciudadanía utilizó la convocatoria del Gobierno a las urnas para darle al presidente Evo Morales un mensaje implícito, expresándole que su posición es minoritaria y, en consecuencia, no tiene ya el respaldo ciudadano.

La mayoría del país ha rechazado, a través del voto, el proceso de selección y elección para conformar el Órgano Judicial Plurinacional y el Tribunal Constitucional, con el 55% de votos nulos y 15% de votos en blanco, lo cual da una sumatoria de rechazo del 70%, resultado que no puede adjudicarse de ninguna manera ningún partido político de oposición. Debe interpretarse también como un rechazo al fallo del póstumo Tribunal Constitucional que dio paso a la reelección indefinida del presidente y otras autoridades, violando con un subterfugio la Constitución Política del Estado Plurinacional, impuesta a sangre y fuego, a la que Evo Morales y sus ministros juraron cumplir y hacer cumplir.

Ante el rechazo tan contundente en las ánforas para elección de las autoridades judiciales, el Gobierno tendría que tomar muy en cuenta la decisión de la mayoría de la población votante, puesto que la justicia no debería ser administrada por postulantes perdedores. Este es el requerimiento sustancial que tiene la democracia, de contar con organismos que cuenten con el suficiente respaldo popular.

Sin que hubiera habido algún golpe de Estado, en términos lícitos, como producto de una manera de ejercer la democracia, en los hechos en las urnas los votantes han tomado una decisión, sorpresiva para el oficialismo. Es decir no respaldar a los candidatos propuestos para que sean autoridades judiciales, debido al hastío con el régimen gobernante.

Aunque todavía sin tener resultados finales del cómputo oficial, los primeros conteos en el Tribunal Nacional Electoral hacen ver que los votos nulos y blancos han predominado de manera rotunda en el acto electoral judicial. Hasta donde alcanza la memoria, no se produjo en el mundo una experiencia similar. Es decir que gane la elección nada menos que el Voto Nulo. Con las cifras ya conocidas, por efecto del cómputo parcialmente realizado hasta la noche del domingo, se dispone ya de un resultado que puede todavía ser mayor en cuanto a las sumatorias, pero como interpretación lógica del manejo de las cifras ya contabilizadas, el domingo los bolivianos dieron a conocer una voluntad política contundente.

Al mismo tiempo, su valía es todavía mayor, porque el voto NULO tiene un contenido expreso y de clara comprensión. No es a favor de alguien, pero tiene la virtud de manifestar, de la forma más pacífica y real, una posición total de independencia. Es decir que refleja disconformidad con el actual oficialismo, a la vez que mantiene distancia con toda otra adicción política.

Esto es algo original para exteriorizar un criterio político, a la vez que procede con total prescindencia del partidismo y, más concretamente, de alguna forma de postura pública. Más límpido y respetable es el pronunciamiento que impone una conducta similar, o sea que no opta por parcialidad alguna, aunque al mismo tiempo adopta una posición indiscutible en materia de honestidad política y de contenidos cívicos.