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Martes de Ch´alla

Paulovich

Al despuntar el alba de este día no pude menos que santiguarme tres veces y beber varios vasos de agua bendita, pues mi corresponsal en el Palacio Real de la plaza Murillo me comunicó que hoy es martes trece (día de mala suerte) y además la tradición popular lo destina a ser Martes de Ch’alla, cuando los pobres de nuestro país (que somos millones) ch’allamos nuestras paupérrimas pertenencias junto a los afortunados que ch’allan casas, apartamentos de lujo, en edificios de reciente construcción, además de vehículos de último modelo.

Por el cariño natural que siento por mis lectores, les informo que voy a ch’allar mi modesta vivienda situada en el Barrio del Periodista en la zona de Obrajes, que ya cuenta con más de cincuenta años y un traje que me confeccionó el maestro Sillerico y que ahora fue revuelto por un sastrecillo valiente de mi barrio.

Todo esta ceremonia contó con la presencia de mi comadre Macacha, quien ch’alló sus propiedades urbanas y vehículos de gran tonelaje que heredó de don Nemesio, que en paz descanse.

Fue grande mi curiosidad por conocer cómo había procedido en este día nuestro Presidente Vitalicio que habiendo nacido pobre en Orinoca, ahora posee un Museo, donde antes sólo existían pequeñas chocitas altiplánicas. Me costó mucho esfuerzo que mi corresponsal me informará acerca de las actividades del primer mandatario en este día, pues ella es muy cuidadosa en divulgar los pasos de su máximo líder.

Al final pude saber que el primer ciudadano de este país había cumplido con el ritual de la ch’alla, en compañía del vicepresidente García Linera y sus ministros, aunque las ceremonias fueron muchas y en diversos lugares, no sólo en la ciudad de La Paz sino también en el Chapare, donde tiene su chaco, que sigue produciendo coca.

También pude conocer que una de las ceremonias más celebradas fue cuando se procedió a la ch’alla del nuevo palacio, llamado por él la “casa del pueblo”, causando la admiración de sus acompañantes, al descubrir las instalaciones del sauna, gimnasio y helipuerto que enriquecen tal edificación y que innegablemente causaron la envidia de algunos de sus colaboradores que no poseen helipuertos en sus viviendas y oficinas… y que representan una ventaja a la hora del final que algún día llegará, aunque fuera dentro de cien años, para lo cual procedió a ch’allar su avión, su hangar, y sus helicópteros.

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