OPINIÓN    

Clepsidra

Mito de los zapatos perdidos

Álvaro Riveros Tejada

La pérdida de un zapato es un hecho que pareciera conllevar poca importancia, dado su carácter insignificante, empero, éste se hizo presente en nuestras vidas desde nuestra más tierna infancia, como en el cuento de “La Cenicienta”, cuando el extravío de su zapatilla de cristal selló su destino, al abandonar el baile de palacio apremiada por la hora que le había marcado su hada madrina que, de no observarla, hubiese roto el encanto y ella volvería a su condición de una humilde fregona; la bella carroza que la llevó al castillo se convertiría en una calabaza; y los imponentes caballos, en pequeños y simples ratoncillos.

Esta hermosa fábula cobra relevancia, al evocarnos episodios políticos acaecidos en nuestra historia, como la de un 4 de noviembre de 1964, cuando se producía el golpe de estado que dio fin al gobierno de Víctor Paz Estensoro y encumbró en el poder a su vicepresidente, el Gral. René Barrientos Ortuño, el mismo que doce años antes, piloteando un avión de la Fuerza Aérea, trasladó al jefe del MNR, desde su exilio en Buenos Aires, para que asuma la presidencia del país, tras la victoriosa revolución del 9 de abril de 1952.

En dicha oportunidad, y al fragor de una feroz balacera que se desarrollaba en plena Plaza Murillo, las masas enardecidas montaron sobre sus hombros al recio líder sindical, Juan Lechín Oquendo y, en una actitud netamente triunfalista, se aprestaron a introducirlo al Palacio Quemado con el propósito de entronizarlo en el poder. Fue en ese instante que, bajo el bramido de fusiles y ametralladoras, regando de pavor y sangre la esquina de la plaza con la calle Ayacucho, a escasos metros del sitio donde años antes había sido arrojado el cuerpo inerte del presidente Gualberto Villarroel; para ser luego colgado en el farol de la plaza, donde Lechín, en su huida forzosa, perdió un zapato y, a la inversa de la fábula de la Cenicienta, nadie se apresuró en recogerlo o cotejarlo. Por el contrario, el vulgo calificó el hecho como “kencha” o de mal agüero y se resignó a las circunstancias.

Continuando con esta anecdótica recurrencia histórica, el presidente Evo Morales perdió su zapato derecho, en la puerta de la Oficina de Registros del Tribunal Supremo Electoral, donde había acudido en compañía de su vicepresidente, para inscribirse como candidato del MAS, pese a que en el referendo constitucional del pasado 21 de febrero de 2016, la población rechazó la modificación del artículo 168 de la Constitución Política del Estado y se impuso el NO a la reelección de ambos mandatarios. La pérdida del escarpín fue calificada como una “mala señal” por los asistentes al evento.

Tras volverse a calzar el zapato perdido, y registrar su candidatura, a sabiendas que recién el día 8 de diciembre próximo se conocerá si ese binomio está habilitado, S.E. ha dejado en suspenso su reelección y, por ende, queda también en suspenso el mito de los zapatos perdidos.

N. de R.- Esta nota fue escrita antes de que el TSE habilite al binomio Morales-García Linera.

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