OPINIÓN    

Bolivia y el Día Mundial de los Océanos

Víctor Hugo Rodríguez Torrez

El 8 de junio la humanidad recordó el Día Mundial de los Océanos. Bolivia, en sus intermitencias, y con derechos de hacerse a la mar, parece no calibrar semejante significación vital, desentendiéndose de un emblema idóneo para integrar la comunidad marítima universal.

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Didácticamente, los océanos son cuerpos continuos y dinámicos de agua salada con gigantescas dimensiones en la Tierra. Cubren el 71% de la superficie, dividiéndose en océanos y mares menores. Los mayores: el Pacífico, el Atlántico y el Índico, delimitados por topografías terrestres y submarinas. Conectan con el Océano Glacial Antártico y en el norte el Ártico. Resaltan los mares Caribe, Mediterráneo, Bering, Ojotsk, Amarillo, China, del Japón, Caspio, Negro.

Su volumen líquido mundial equivale a 1.286 millones de kilómetros cúbicos, representando el 97% del total de aguas superficiales o hidrósfera, en sus cuencas, dorsales, arrecifes, corales, corrientes, fracturas, golfos, bahías, fosas, ensenadas y umbrales.

Poseen incalculables recursos hídricos, minerales e ictiológicos, vitales para la existencia doméstica y social humana. Son reguladores climáticos cruciales. Almacenan inmensurable energía solar, la atmósfera y profusa humedad. Movilizan civilizaciones, cultura, comercio y progreso planetario.

Los mares desde la definición jurídica/geográfica:

Mar Territorial: Espacios sobre los cuales los Estados costeros ejercen soberanía. La doctrina de la libertad marítima, reconoce el principio de dominio sobre sus riberas, incluyendo vías de navegación, recursos mineros/pesqueros. Se rigen por la Convención del Derecho del Mar, aprobada en 1982, en Kingston, Jamaica. Poseen jurisdicción en áreas de 12 millas marinas/22 kilómetros. A cada Estado marítimo, se le reconoce internacionalmente derechos exclusivos en sus aguas, hasta 200 millas marinas/370 kilómetros desde su costa.

Derecho del Mar: Prevaleciente en el Derecho Internacional codificado. Regula la condición jurídica, uso del mar territorial, vías marítimas e incontables riquezas.

Alta Mar: (acepción femenina), desproporcionadamente “cuadriculada” por intereses geopolíticos, geo económicos y geoestratégicos por potencias costeras. Ensanchan sus Zonas Contiguas, Económicas Exclusivas (ZEE) y plataformas continentales, capturando ventajas, dividendos, especulación y hasta ilícitos en aguas internacionales y fondos marinos.

Estados sin litoral: (caso de Bolivia), pagan cuantiosos tributos para su acceso oneroso y no soberano al mar.

Por carecer de experiencia marítima, Bolivia aún surca las calendas griegas. No procura adentrarse en los fenómenos oceánicos. En frustráneas décadas de buenas intenciones, hubo moral para barruntar nuestra objetividad oceánica-portuaria. Fue epónimo el batallar diplomático nacional del Siglo 20, basamento judicial exitoso en La Haya.

Será áspero y difícil accionar. Corresponde intentar navegar los mares para convivirlos concienzudamente. Captar las ciencias, tecnologías, técnicas, industrias, legislación, turismo, membresías, señalética, artes náuticas, etc., para que Bolivia sea revalidada como sociedad milenariamente inclinada al mar. No obstante nuestras severas limitaciones en medios, recursos diversos y aspectos presupuestarios insuficientes, urge ensayar la actividad naviera mercante fiscal/privada, es decir, partiendo de cero. Es perentorio asimilar el ABC oceanográfico, pero haciéndolo. Empaparnos en tratados, códigos, estatutos, acuerdos, convenciones, protocolos, mecanismos diplomáticos y sujetos del Derecho Internacional Marítimo, sustentos jurídicos del contrarreloj oceánico.

El Principio de Utilización del Océano Mundial “exclusivamente con fines pacíficos”, figura entre los elementos jurídicos medulares del Derecho Internacional del Mar, siendo ello inherente a Bolivia como Estado pacifista. Conlleva denunciar carreras armamentistas, amenazas diversas, posturas beligerantes, profesando la paz y seguridad.

En Bolivia, país que exige mar y aún sin paladear su inmensidad, discurren inocuas las décadas en que las asignaturas oceánicas fueron ignoradas. Nunca abrimos esclusas a la comprensión del océano. El comportamiento “cívico” oscila en descreimiento y dudas. No instituimos oportunamente, al menos, la enseñanza básica transmisible a la población de a pie, para propulsar el correlato conocimiento/mentalidad marítima. Por incuria del sistema educacional boliviano, la pedagogía naval no es consignada en los pensum académicos, ni ciclos primarios/secundarios. El mar no vendrá hacia nosotros. Tenemos que ingresar en él, aunando la voluntad mancomunada para no capitular ante contramarchas internas y externas.

Los aimaras bogaron los mares en tiempos remotos. En el Siglo 21, cero navegación oceánica.

“El pueblo”, conflictivamente inducido para ganancia de pescadores-candidatos, sin embargo, idealiza al Pacífico. Debe tratar de conocerlo fácticamente coincidiendo con la visión centenaria de EL DIARIO, buril de nuestra Causa.

Los emprendimientos oceánicos no son exclusividad de quienes, avivados, sin tradición ni trayectoria promarítima, se intitulan gurúes del mar.

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