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Hombres de ciencia

Alexander von Humboldt y su paso por La Habana

Victorio M. Copa

En la hermosa y antigua construcción donde dejó su huella el sabio alemán Alexander von Humboldt, el segundo descubridor de Cuba, son evocados dos siglos después su paso por la Habana.

La espléndida casona ubicada en el centro de la parte antigua de la capital de la mayor de Las Antillas, actualmente Patrimonio de la Humanidad por decreto de la Organización de Naciones Unidas para la Cultura (UNESCO), se alza el Museo Humboldt, posiblemente el mayor de América Latina.

En esta casa, que se asegura guardó el equipaje con las muestras de insectos y vegetales que coleccionó en sus exploraciones por Cuba y Sudamérica, se exhiben unas 250 reliquias, entre ellas, los instrumentos científicos con los cuales investigó en la naturaleza y el hombre.

Ubicada a pocos metros del puerto, la casa magníficamente conservada y restaurada permanece abierta gracias a un proyecto coordinado por el Instituto Goethe, la Oficina del Historiador de la ciudad y por familiares del célebre naturalista germano.

La muestra está dividida en ocho espacios. Incluye una visión panorámica de la vida de Humboldt (1769 – 1859), antes y después de su expedición científica, la cual financió con su he-rencia, según datos de la época, alentado por la única ambición de incrementar sus conocimientos.

Según el especialista Armando Chávez, junto con su colega, el médico y botánico Aimé Bonpland, Humboldt recorrió entre 1799 y 1804, las regiones que forman ahora a Venezuela, Colombia, Cuba, Ecuador, Perú, Bolivia, México y Estados Unidos.

En esa empresa consumió todos sus recursos económicos y luego en París, y como resultado del recorrido, publicó alrededor de 34 volúmenes en 20 años.

Durante su estancia en Cuba, pasó la mayor parte del tiempo sin viajar al exterior, y pudo co-nocer a los comerciantes, hacendados y científicos sobresalientes de la época, obtener información relevante sobre las ciencias, el comercio, la agricultura y las finanzas, asegura el crítico cubano.

Ya en 1826, Humboldt editó su “Ensayo político sobre la isla de Cuba”, una de las primeras obras de relevancia acerca de la isla, que fue prohibido poco después por las autoridades del go-bierno colonial español por las críticas a la esclavitud.

A través de sus ensayos políticos de Cuba y México, el sabio fundamentó la geografía moderna, brindó gran cantidad de in-formación claramente estructurada entre ambos países, y mostró tener una concepción ecológica, pues consideraba a los hombres y la naturaleza como a un todo, en el que ambos elementos se influían.

Actualmente, a Humboldt se le considera como uno de los primeros ecólogos, pues en su opinión “la geografía de las Ciencias Naturales no estaban divididas”, y consideraba que “las dos pertenecían a la Geografía Física o Physi-que du monde”.

Humboldt y Aimé Bonpland coleccionaron en su viaje más de 60.000 plantas y describieron 3.600 especies hasta ese momento desconocidas, según datos de archivo del Museo de la Naturaleza de La Habana.

En su indagación en el estado político y la historia de Cuba, el sabio alemán reflejó el desarrollo de los diferentes grupos poblacionales, se interesó por los testimonios arqueológicos de los aborígenes y constató, con pesar, que “no existían pobladores originales”.

Sus días en La Habana, que algunos historiadores se imagina “intensos, inquietos y apasionados”, son una de las mejores leyendas de la ciudad, que aho-ra rescata el mi-

to a pesar de las erosiones de la memoria y el tiempo”.

En 1800, Alejandro von Humboldt permaneció en La Haba-na tres meses. Durante una segunda visita en 1804 recorrió varios territorios cubanos.

Fuente: Dpa

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