OPINIÓN    

“Integración silenciosa” entre Bolivia y Chile

Rodrigo Burgoa Terceros

Debido al cambio de mando en la presidencia de Chile, el pasado 2 de marzo el Canciller saliente de ese país, Heraldo Muñoz, realizó la rendición de cuentas de su gestión. Dentro del acto, la autoridad hizo referencia a distintos temas que atañen a la política exterior chilena. Entre ellos, llamó la atención la mención de una “intensa agenda bilateral con países vecinos”, donde se resalta una denominada “integración silenciosa” con Bolivia. El jefe de la diplomacia chilena sostuvo que tanto la formación de capital humano y técnico como cooperación constituían la base para impulsar dicha integración. Al respecto, es importante hacer dos precisiones. En primer lugar, ni la formación de capital humano ni la cooperación han alcanzado niveles altos para ser factores sustanciales de la integración boliviano-chilena. Segundo, no se puede reducir el concepto de integración a mera cooperación de un país a otro.

En cuanto a la formación de capital humano, el informe de 2016 elaborado por el Servicio de Información de Educación Superior de Chile menciona que, de los 19.219 estudiantes extranjeros matriculados, 1.065 son de nacionalidad boliviana, representando el 5,54% del total; un porcentaje bajo, comparando con otros países, como Perú, Colombia y Ecuador, cuyos estudiantes significan el 31,83%, 16,60% y 9,22% de la totalidad de estudiantes extranjeros en Chile. Respecto a la cooperación, la Agencia Chilena de Cooperación Internacional para el Desarrollo muestra en su Balance de Gestión Integral 2016 que el 7,41% del total de proyectos de cooperación se da en Bolivia, representando en términos monetarios el 5,45% del total de cooperación chilena en el exterior. Nuevamente, se puede notar que las cifras son bastante bajas para constituir una “integración silenciosa”. Además, es necesario establecer la concepción real del término integración.

Según el profesor húngaro Béla Balassa, autor del célebre libro “Teoría de la integración económica”, se entiende por integración al acuerdo entre dos o más Estados que suprimen discriminaciones entre unidades económicas nacionales. Para alcanzar ese acuerdo, se requiere de un proceso que consta de etapas intermedias: 1. Zona de Libre Comercio, 2. Unión Aduanera, 3. Mercado Común, 4. Unión Económica-Monetaria y 5. Unión Política. Un perfecto ejemplo de proceso de integración es la Unión Europea, que comenzó en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y, que actualmente, aún no alcanza la integración total de sus miembros. Como se puede ver, la integración es mucho más que cooperar en algunas áreas en específico. Si se quiere hacer un análisis serio de la integración boliviano-chilena, es menester realizar un estudio más amplio.

Las verdaderas bases de la integración entre Bolivia y Chile se encuentran estipuladas en el Acuerdo de Complementación Económica N° 22 (ACE-22), suscrito en 1993, y en sus 16 protocolos complementarios. Mediante dichos documentos, se buscaba impulsar el flujo comercial de bienes entre ambos países para avanzar en el proceso de integración. Luego de un cuarto de siglo de vigencia de este acuerdo, se puede afirmar sin temor a equivocación que no se cumplieron los objetivos estipulados. Para llegar a dicha conclusión, simplemente se necesita presentar algunos datos sobre el flujo de comercio entre Bolivia y Chile.

De acuerdo con datos de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), en el año 2016, el mercado chileno fue el 16° destino de los productos exportados por Bolivia en orden de importancia. Las exportaciones bolivianas a dicho mercado representaron el 1,1% del total de bienes bolivianos vendidos en mercados internacionales. Por su parte, Chile representó el 4,1% del total de importaciones bolivianas, ocupando un 7° lugar en relevancia. Como se puede notar, Chile no resulta ser un socio comercial significativo para Bolivia. Desde la perspectiva chilena, Bolivia tampoco se constituye en un socio comercial importante para ese país.

Siguiendo con los datos de la ALADI, en el año 2016 el mercado boliviano era el destino de apenas el 2% del total de exportaciones chilenas, situando al país en el 11° lugar en orden de importancia. Respecto a las importaciones chilenas, tan sólo el 0,2% del total tiene como origen a Bolivia, lo que significa que ocupó el 40° puesto de importancia para la economía chilena.

A partir de los datos mencionados anteriormente, se puede establecer que la integración entre ambos países no ha avanzado como se establecía en los objetivos del ACE-22. El principal motivo del aparente fracaso del acuerdo de complementación económica se encuentra en las tensas relaciones políticas que aún persisten entre los dos países. Diferentes autores han demostrado que las relaciones políticas tienen efectos sobre las relaciones económicas y, por consiguiente, sobre la integración entre dos países. El pionero en este tipo de estudios es Brian Pollins, quien en 1989 presentó un modelo económico que se considera la calidad de las relaciones políticas entre dos países como factor importante al momento de decidir si se entabla el comercio bilateral. De acuerdo con el planteamiento de Pollins, cuando las relaciones políticas entre dos países son malas, el flujo comercial bilateral tenderá a disminuir debido a la incertidumbre existente entre exportadores e importadores.

Considerando la historia de las relaciones boliviano-chilenas, no sorprende que, a la fecha, la integración entre ambos países no haya avanzado pese a la existencia de un acuerdo de complementación económica. No hay duda que el proceso de integración de Bolivia con Chile se mantendrá débil si antes no se negocia la solución a los problemas que aún tensan las relaciones entre ambos países y que tienen que ver con la reintegración marítima, el desvío de las aguas de los manantiales del Silala y de los ríos Lauca y Caquena. Por tanto, cualquier afirmación chilena que habla del desarrollo de una intensa agenda bilateral con Bolivia a través de una integración silenciosa no tiene asidero y confunde a la población de ambos países y a la comunidad internacional.

El autor es economista, catedrático y diplomático de carrera.

Twitter: rodrigo_burgoa

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