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Arquitectura chipaya, un legado fantástico

La arquitectura de Los Chipayas, es un legado impresionante y adaptado a la región, cuya sencillez llama la atención de los expertos, mostrando sus puertas que no son del tamaño de una persona normal, son pequeñas para evitar perder el calor concentrado por el sol en los ambientes internos, tanto en la cocina como en el habitáculo de los dormitorios, que demuestran un dominio de sus habitantes del frío y el calor de la región del altiplano boliviano.

A diferencia de las culturas tiwanacotas, aymaras, quechuas, no utilizan piedra, por el contrario, hacen uso de los grandes bofedales del lugar, siendo la materia prima de sus edificaciones para sus familias.

Siguen un proceso de corte de los tepes de los bofedales en tamaños maniobrables para luego secarlos en fila, no necesitan ningún preparado especial, debido a que los tepes ya tienen hierba y raíces pequeñas que crecen de manera natural. Material que le da consistencia a los “adobes”, luego son apilados y acomodados con barro en la casa circular. La cocina tiene un escape en el cono final para que salga el humo de la leña quemada a diferencia de los dormitorios que son más herméticos y solo la puerta es el respiradero y que son la mitad de una normal actual.

CON ORGULLO

Los habitantes de las comunidades (ayllus) Aransaya, Manasaya, Wistrullani y Ayparavi, tienen la intención de vivir del turismo, que consideran que son una población milenaria y haber superado sequías, misma que afecta actualmente a su agricultura y la estabilidad de sus pobladores.

Los Chipayas viven en la zona del salar de Coipasa, Bolivia, en la desembocadura del río Lauca. Tienen origen Uru, un antiguo grupo cultural caracterizado por vivir de la caza y de la pesca. Los Chipayas se consideran comunidades con alto valor cultural. Las casas típicas son de construcción de una planta circular, aunque en la actualidad se construyen casas de planta rectangular, en el tiempo perdieron el ordenamiento urbano original Chipaya.

Sin embargo, el estilo de construcción en bóveda, mucho tiene que ver con la región ventosa, frígida, pues el circular eliminar el choque de los vientos, provocando que siga su camino, y evitando enfriar la vivienda sea este dormitorio o la cocina, ya que normalmente utilizan dos habitaciones.

Mientras la construcción en bóveda, concentra el sol en el interior de los ambientes, proceso que beneficia en las noches, cuando los adobes revierten el efecto de afuera hacia adentro en el calor. Las juntas de los tepes compactados, es realizado con total hermetismo, no existen huecos y menos fisuras, ya que afectaría al criterio de la edificación. Bajo el argumento de que la paja en el techo permite una mayor concentración del calor en el interior, es sujetado con leños y cuero para evitar el destrozo de los fuertes vientos del sector.

El grupo vive en construcciones tipo bóveda a los que llaman Putucu en idioma puquina. Su construcción es simple y muy efectiva para la región, y efectivamente tienen una forma de cono o circular. Echan mano del material de la región, tierra húmeda y cernida que se forma de manera natural. Las paredes de los Putucus se construyen con tepes –pedazos de tierra cubiertos de hierba– y barro, mientras que ramas de arbustos entrelazadas con tiras de cuero sujetan el techo, una cúpula de paja.

Los Chipayas conservan la forma de su vivienda, sus tradiciones, costumbres y cultura junto a su lengua nativa es el PUQUINA, algunos historiadores le dicen Uru Puquina. Su alimento más importante la quinua o grano de oro sagrado por su alto valor nutritivo y crece en sus alrededores, combinan con pescado.

No son aymaras, sin embargo, aprendieron este idioma para comunicarse con otros pueblos. La Cultura Chipaya, es una de las más antiguas del mundo, data de 2500 años a. de c. Los Chipayas se encuentran en pleno altiplano de Bolivia sobre los 3.500 metros de altura sobre el nivel del mar. Clima frío y seco contrastado con el calor del desierto.

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