Nuevos Horizontes    

Llegan a Viacha los restos del ejército derrotado en Tacna

Luis S. Crespo

Después del desastre del Alto de la Alianza, el Gral. Narciso Campero, con los restos de las divisiones bolivianas, se dirigió a Bolivia por el camino directo de Tacna a La Paz. “Inmensos sacrificio y rudos trabajos me ha costado -dice el general- el reunir y conducir con orden esos restos, exponiéndome a riesgos aun mayores que los del campo de batalla, considerando la larga travesía que ha habido que practicar con un ejército derrotado, y desmoralizado por la misma derrota. Pero esos sacrificios son insignificantes, si se considera que he logrado salvar cerca de mil hombres, es decir una cuarta parte del ejército, y dos piezas de artillería; reduciendo así nuestra derrota a las condiciones de una honrosa retirada...”.

El mismo 26 de mayo el Gral. Campero, acompañado de algunos pocos oficiales avanzó hasta la ranchería de Palca, donde pernoctó. El hombre que pocas horas antes había mandado más de nueve mil hombres, se encontraba en una cocina, con pocos amigos, y “expuesto a mayores riesgos que los del campo de batalla”.

Al día siguiente continuó la marcha, y el 4 de junio llegó a Corocoro. Aquí recibió el día 5 a la comisión que la Convención Nacional le había enviado para hacerle saber su nombramiento de Presidente de la República, y expresarle el voto de confianza y gratitud que había expedido a favor del ejército nacional, por su heroico comportamiento en la batalla del Alto de la Alianza.

Formaban la comisión de la Convención Nacional los diputados Emilio Fernández Costas, Fernando Eloy Guachalla y Melchor Chavarría, a la que se adjuntó voluntariamente el igual Pastor Sainz.

Ante numerosa concurrencia, y ante los jefes, oficiales y soldados que acompañaban al Gral. Campero, las tres convencionales pronunciaron patrióticos discursos, reducidos a alentar a los derrotados y a manifestar que el pueblo, por medio de sus representantes, daba las gracias a los que dignamente habían cumplido con su deber.

La historia de Bolivia no registra una escena más patriótica ni más conmovedora que ésta.

Los defensores de Bolivia, cuyo valor no había podido evitar el desastre que habían sufrido, fatigados por la campaña de un año y la pelea más tenaz y obstinada que se ha- ya visto, traían, sin duda, tan enlutado su corazón, como abatido su espíritu, cuando la palabra de aliento de la representación nacional fue a retemplar su patriotismo y a reanimar su fe en los destinos de la Patria.

Entre ahogados sollozos del más vivo sentimiento, entre elocuentes lágrimas que

decían gratitud, unión y venganza, se escucharon los discursos de los convencionales, así como la contestación del Gral. Campero. Concluida esta homérica escena, los miembros de la comisión legislativa volvieron a La Paz, y el Gral. Campero continuó su marcha sobre Viacha, a donde llegó un 13 de junio de 1880.

Los jefes y oficiales que lo acompañaban fueron: Coroneles: Pedro J. Aramayo, Ramón González, Ezequiel de la Peña, Pedro P. Vargas, Fructuoso Solares, Lizandro Peñarrieta, Pablo Idiaquez, Belisario Anteza-na, Manuel Deheza, Severo Espinoza Galle-guillos.

Tenientes coroneles: Zacarías Alba, José I. España, Vicente Crespo, José María Guz-mán, Celso Ibarra, Zenón Velázquez, Rafael Sainz, Zenón Ramírez, Escolástico Viscarra, César Moscoso, Juan Balsa, Miguel María Soto.

Comandantes: Fernando Monroy, Loren-zo Bedregal, Vicente del Castillo, C. Durán de Castro, Octavio Rivadeneyra, Demetrio Carpio.

Mayores: Ricardo Eguino, Luís D. Romero, José María Yánez, Felipe de la Barra, Sagárnaga, Isaías Soto.

Capitanes: Romualdo de la Peña, Zenón Matos, Daniel Bedregal, Ladislao Oquendo, Delfin Rodrigo, Angel Echarte, Pastor Medinaceli.

Teniente 2º. Zacarías Blanco.

Subtenientes: Ascencio Antezana, Félix R. Peñaranda. Julio Silveti, José Rivadeneyra.

El mismo día 9, el Gral. Campero recibió en Viacha la visita del vicepresidente Arce, del doctor Cabrera y de otros personajes que habían salido de La Paz a darle la bienvenida.

Al día siguiente, 10, el general entró en La Paz, habiendo quedado los restos del ejército en Viacha, para descansar y reorganizarse.

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