OPINIÓN    

El último “affaire” de la diplomacia boliviana

Raúl Alcázar Machicado

I

El Pontífice de la iglesia católica recibió al presidente boliviano Evo Morales previamente invitado por la Conferencia Episcopal Boliviana, el 29 de junio en el consistorio de la consagración de nuevos cardenales en el Vaticano. El Obispo emérito de la prelatura de Coro Coro, también llamado obispo de Patacamaya, Toribio Ticona Porco, fue investido por el Santo Padre con el rango de cardenal. El acto litúrgico contó con la presencia del primer mandatario, del ministro de Relaciones Exteriores Fernando Hunacuni Mamani, la vicecanciller boliviana Carmen Almendras Martino y del ministro de Justicia Héctor Arce Zaconeta. Tras su investidura, el presidente Morales rompiendo el protocolo le dio un abrazo al nuevo Cardenal.

La Iglesia católica boliviana ha celebrado la nominación del obispo jubilado de 81 años, el segundo Cardenal boliviano, después de Julio Terrazas, fallecido en 2015, y su designación fue interpretada como un signo del Papa Francisco de apoyo en Bolivia hacia los más pobres. Participaron también en el acto el embajador de Bolivia en La Haya, el ex presidente Eduardo Rodriguez Veltzé, el embajador de Bolivia en España, Ramiro Tapia Sainz y el embajador boliviano en Roma, Carlos Aparicio Vedia.

Un grupo de mujeres, vistiendo una camiseta de color blanco con la sigla 21F -acrónimo usado en Bolivia para recordar el referéndum vinculante celebrado el día 21 de febrero de 2016, con el que se consultó a la población la posibilidad de modificar la Constitución, permitiendo la reelección presidencial y cuyos resultados obligatorios e irrecusables fueron contrarios por mayoría a la pretensión re-eleccionaria aún vigente- fueron parte del acto de consagración del nuevo Cardenal.

Una de ellas, envuelta en la bandera boliviana, sostuvo una conversación en quechua con el prelado (- Padre, tengo un gran pedido que hacerle, que hable con el presidente Evo Morales). Numerosas fotografías y videos fueron obtenidos y difundidos internacionalmente.

Parte de grupos espontáneos, llamados “colectivos” o “plataformas”, que curiosamente no representan a ningún partido o movimiento político, ni en Bolivia ni fuera del Estado boliviano. Las damas bolivianas residentes en Italia acudieron por sus propios medios a la ceremonia desde Bérgamo y Milán, previa solicitud, boletos y pase para el ingreso al consistorio. “Pedimos participar”, dijo Carolina Delgadillo, una residente boliviana en Milán. “Recibimos boletos para la admisión y estuvimos autorizadas para ingresar” y todas fueron partícipes de la bendición de los Palios durante la misa para los nuevos arzobispos metropolitanos. (Andrea Zambrano, La nueva Bussla Quotidiana, Roma, 1 julio 2018).

En el ingreso, la “dependiente” de la legación diplomática boliviana, Giovanina del Carmen Manrique Martino; de nacionalidad venezolana, alertó sobre las mujeres, por órdenes del embajador de Bolivia, a la Guardia Suiza, que desempeña las funciones de la policía en el Vaticano desde el 21 de enero de 1506 (testimonios personales de Jacqueline Olmos Roca, Stefania Rosa, Carolina Delgadillo, Marisol Castellón Aguilar, Rosa Vaca Bonivana, Soledad y Lola Ferrer Gonzales).

“El señor embajador Caballero me dijo: “¡Señora, por favor!”. “A su solicitud la funcionaria venezolana convoca a la gendarmería. Me toma (Giovanina Manrique) del brazo y me dice: Usted está haciendo política dentro del Vaticano, está en peligro la seguridad del presidente”. “Sí, Sí, váyanse. ¡Gendarmería!, gritó”.

Respondí: ‘¡Qué pasa!’ y me cubrió con la mochila la camiseta”, relató la señora Jacqueline Olmos Roca. Cuando “La Guardia” se acercó donde se producía el incidente, Olmos y otra dama en el lugar que vestían una camiseta blanca (por el calor reinante), como cualquier otra, permitió que continúen su visita sin impedimento alguno. La “Guardia Suiza”, desde que se acabaron las guerras italianas del Siglo XVI, es un vistoso adorno y no lleva armamento alguno.

Inmediatamente, luego de entrevistarse con el Cardenal, concluido el consistorio y en el exterior de la basílica, 7 damas fueron interceptadas por el cuerpo de seguridad del Presidente boliviano, compuesto por agentes extranjeros con acento centroamericano. Seis fueron detenidas, residentes en Bérgamo, por varias horas por cuatro “guardias foráneos”, en plena jurisdicción vaticana, vestidos de civil, que las interrogaron en castellano en dependencias de la “Guardia Vaticana”. Les confiscaron celulares y les advirtieron que no podían ingresar con esa camiseta. “La camisa es contra el presidente Morales, que es un invitado en el Vaticano y es amigo del Papa”. Al solicitar su identificación, los “agentes” expresaron que formaban parte del aparato de seguridad del Presidente de Bolivia. El encierro fue más riguroso con una de ellas (Soledad, residente en Milan), quien fue obligada a dirigirse a un área posterior, descrita por ella misma como “una sala a la derecha de la Basílica, por una puerta trasera, pero dentro llena de cámaras y escritorios”.

Durante el interrogatorio, la mujer dentro de la basílica expresó que le solicitaron sus documentos y que dos “vigilantes” pretendieron saber el motivo de nuestra iniciativa. “Entonces, en cierto momento, me advirtieron que en Bolivia mi familia podría tener problemas. Permanecí en esa oficina desde aproximadamente las 6:00 p.m. hasta las 7:45 p.m. Revisaron mi historial criminal que está limpio y luego me hicieron firmar una hoja en la que se me comunicó mi expulsión del Vaticano, pero nunca me dieron una copia”. (Diáspora Boliviana, Italia, 29 junio 2018).

En cuanto a Giovanina del Carmen Manrique Martino, sus fotografías (muro personal en las redes sociales) confirman la identidad de esta ciudadana venezolana, presente en la delegación desde el arribo del primer mandatario a Roma, parte integrante de la comitiva boliviana y recibida por el pontífice bajo el consentimiento del Presidente Morales.

La tarde en Roma se estableció en las nubes como si fuesen lagañas. La luz se vistió de naranja sobre las solemnes columnas de Bernini, entibiando la Plaza de San Pedro enardecida por las horas de sol.

El evento sucedió entre las 6 .m. aproximadamente, hasta pasadas las 10 de la noche (Cristohoy. org).

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