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La penúltima flecha del Apache

Ningún jugador de la final tiene el palmarés que exhibe el atacante Carlos Tevez.

Envuelto en el ruido que ha rodeado la final de la Copa Libertadores, llega a Madrid Carlos Tevez, dispuesto a celebrar su partido 200 con Boca, ilusionado con la posibilidad de conquistar su vigésimo cuarto título con un club.

Tévez, que ya sabe lo que es ganar la Libertadores (2003), que también sabe lo que es marcarle a Ríver en esta competición para, acto seguido, ser expulsado por hacer “la gallinita” (2004), regresa a la escena mundial convertido en un referente en su club.

Con 34 años, no hay quien exhiba un palmarés semejante; campeón de la Libertadores, de la Liga de Campeones, de la Copa Intercontinental y medalla de oro olímpica. Ganador de títulos en Brasil (Corinthians), Inglaterra (Manchester United y City y primer argentino que se coronó máximo goleador en la Premier) e Italia (Juventus).

Tevez, que llegó a ser el jugador mejor pagado del mundo (40 millones de euros) comenzó en enero su tercera etapa en Boca, tras comprobar durante 357 días que el paraíso chino no era como le habían contado.

Fue el tercer episodio de una historia de amores y desencuentros que comenzó hace casi dos decenios con un cambio de apellidos.

El “Apache”, que era Carlos Martínez hasta los doce años en All Boys pasó a ser Tevez para franquear su traspaso a Boca. Así, su tío y padre adoptivo podía esgrimir la patria potestad para convencer a su club de que aceptase los 10.000 dólares que le ofrecía el “Xeneize”.

Fue el comienzo de una carrera fulgurante que le convirtió en “rey de América” con 20 años, en una primera etapa en la que, con su actual entrenador Guillermo Barros Schelotto como compañero en la delantera, conquistó la Libertadores, con gol incluido en la final frente al Santos.

Un año después forzaría su salida hacia el Corinthians, para comenzar un exilio lejos de Argentina que le llevaría a Brasil e Inglaterra (West Ham, Manchester United y Manchester City) e Italia, siempre acompañado de títulos.

El ídolo de Fuerte Apache, el deprimido barrio del gran Buenos Aires que da nombre a su mote, el futbolista que siguió jugando en Europa como en el potrero, forzó en junio de 2015 su regreso a Boca.

Volvió a triunfar, ahora con el 10 a la espalda, ganó Liga y Copa Argentina pero la mareante oferta del Shanghái Shenhua, que le convertía en el mejor pagado de la historia (40 millones de dólares por temporada. Antes de despedirse, no obstante, deslumbró en un último Superclásico contra Ríver. Pero, como era previsible, Tevez no encontró su sitio en el fútbol chino, se dejó ir y, antes de un año, quiso volver a casa.

Once meses después, el Apache se dispone a disparar su penúltima flecha. Quizá la última le aguarde en el Mundial de Clubes.

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