EDITORIAL    

Para lograr diálogo, ¿cerrar el caso en La Haya?¡Imposible!

Hay expresiones y declaraciones oficiales que salen de toda racionalidad y que son ajenas al sentir del país; pero ninguna como la que habría expresado el Presidente de la República, en sentido de que “la demanda marítima que se ventila en la Corte Internacional de Justicia de La Haya quede suspendida si el gobierno chileno ofrece diálogo sincero y con garantías”.

La declaración, absurda por cualquier lado, cayó mal en toda la comunidad nacional porque implicaría debilidad total del gobierno que estaría dispuesto a cualquier cosa con tal de dialogar con el gobierno de Chile, algo que es imposible porque múltiples experiencias muestran que ningún gobierno chileno se avendría a dialogar con Bolivia, tanto por hacer gala de soberbia y petulancia como por mandato de sus propias fuerzas armadas, a las que todo régimen chileno se somete en todo sentido.

¿Saben el presidente Morales y su partido que Chile no actuaría honestamente por más que así lo prometa, con un “diálogo sincero y con garantías”? Tal vez acepte ello, pero en los hechos trataría por todos los medios de que ese diálogo se produzca conforme a sus intereses y conveniencias; no actuaría en modo alguno de buena fe porque ello no está en sus cálculos, en su vocación de conquistador de lo ajeno y propugnador de invasiones y abusos como los cometidos con Bolivia al apoderarse de nuestros vastos territorios sobre el Pacífico.

¿Sabe el gobierno del señor Morales que nadie en Bolivia apoyaría la peregrina idea de “renunciar a lo que se está haciendo en La Haya”? Es un trámite que tiene que seguir su curso y no puede ser interrumpido en forma alguna, una gestión que, tenga los resultados que sea, sentará precedentes importantes y podría abrir cauces para que la instancia internacional como es el Tribunal de La Haya sensibilice en alguna forma al gobierno chileno para que a futuro se abran posibilidades para el diálogo, pero sin afectar la dignidad ni derechos del pueblo boliviano que, por generaciones, mantiene la posición de recuperar siquiera una parte de la costa sobre el océano Pacífico.

Es, pues, censurable desde todo punto de vista la expresión contraria a los intereses que unen a todos los bolivianos. La sugerencia de un candidato (el que menos posibilidades tiene) al gobierno de Chile, no es seria ni correcta; podría decirse que es intencionada, demagógica y populista, buscando franquearse la amistad del gobierno boliviano y, tal vez, simpatía en alguna parte, por mínima que sea, del pueblo chileno. No cabe tomar en serio lo expresado por un candidato que busca la confianza de votantes que, conforme señalan las estadísticas, estarían muy lejos de su alcance.

Bolivia tiene dignidad y los bolivianos tenemos conciencia de ello; por eso, no corresponden declaraciones marginales al sentimiento y derechos bolivianos.