OPINIÓN    

Histórico 1982

Severo Cruz

Bolivia retomó el hilo del sistema democrático, concitando la expectativa continental, hace más o menos 36 años. Diversos partidos, frentes, alianzas y bloques, que sumaban alrededor de 32 agrupaciones (1), lidiaban, meses previos a la restitución de la democracia, en la arena de la competencia política.

Entonces aún estuvo vigente el Partido Liberal, de Eduardo Montes y Montes; el Partido de la Izquierda Revolucionaria, de Ricardo Anaya Arze; asimismo se advertía la presencia del Movimiento Revolucionario Túpac Katari, de Clemente Ramos, Macalveo Chila y Cosme Jiménez; del Movimiento Indio Túpac Katari, de Luciano Tapia; del Movimiento Nacional Túpac Katari, de José Ticona. Así, pues, el MNR fraccionado en cinco sectores; FSB, en tres, etc.

En consecuencia: líderes históricos y nuevos promovían, de una u otra manera, la resistencia a los designios de quienes creían ser los “dueños del país”. De quienes se vanagloriaban de haber sido los predestinados para regir el destino nacional, pese al descontento ciudadano. Esa arremetida hizo que los “amos de Bolivia” hayan cambiado de criterio a favor del restablecimiento democrático.

El 10 de octubre de 1982 sería inscrito, por lo visto, como la fecha trascendental e histórica del restablecimiento democrático, luego de la prolongada experiencia dictatorial, que significó el retroceso más serio para el país.

El pueblo boliviano, ya que en aquellos tiempos no se hablaba de movimientos sociales, colectivos ni cosas parecidas, ha jugado un rol preponderante para que se haya hecho realidad el sueño de la democracia.

Ha enriquecido su cultura política en estas tres décadas de vigencia democrática. Por cuanto ha aprendido a distinguir las corrientes ideológicas de derecha y de izquierda. Asimismo conoce a demagogos y charlatanes que practican política a tiempo completo. Tampoco confía en falsos profetas ni acepta a sablistas que buscan hablar en nombre de él.

La dictadura no aceptaba la confrontación de ideas sino que imponía la fuerza como señal de dominio político. Con ese propósito ha incurrido, inclusive, en la conculcación de los principios democráticos y la vulneración de las libertades.

“Para los amigos todo y para los enemigos el hierro”, decían, en aquellos días, en las altas esferas de la dictadura. En este marco quienes sustentaban ideas e ideales contrarios a estos regímenes eran objeto de hostigamiento, no sólo ellos sino sus familiares. Sus mensajes surgían restringidos y sus voces debilitadas por la zozobra e incertidumbre. La clandestinidad los consumía físicamente y no así espiritualmente.

Pero el general Guido Vildoso Calderón, presidente de facto en 1982, dio un giro de 180 grados, posibilitando que los civiles reasuman el Poder, en el contexto de la legalidad. Él supo leer debidamente la realidad política nacional y de la región. Desde ese momento fue muy estimado el general cochabambino.

En suma: requerimos afianzar, hoy como ayer, la democracia, la libertad y la justicia, por el bien común.

(1) De la Corte Nacional Electoral, correspondiente a junio de 1979.

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