OPINIÓN    

Corrupción y uso del poder político

Remy Solares Angulo

A la corrupción podemos definirla como “el mal uso o el abuso del poder público para beneficio personal y privado”. Este fenómeno no se limita a los funcionarios públicos. También se la puede definir como “conjunto de actitudes mediante las cuales una persona transgrede compromisos adquiridos consigo mismo, utilizando los privilegios otorgados, para obtener un beneficio ajeno al bien común”. Por lo general, se apunta a gobernantes o funcionarios nombrados, que se dedican a aprovechar los recursos del Estado para de una u otra forma enriquecerse o beneficiar a parientes o amigos. Así sucede en Bolivia, con el actual gobierno.

El concepto de corrupción difiere, dependiendo del país o la jurisdicción. Lo cierto es que algunas prácticas políticas pueden ser legales en un lugar e ilegales en otros. En algunos países, la policía y los fiscales deben mantener la discreción sobre a quién arrestan y acusan, y la línea entre discreción y corrupción puede ser difícil de dibujar. Los países donde la transparencia de las cuentas públicas, adquisiciones, concesiones y similares sea reducida o incluso inexistente estarán más expuestos a estas acciones, pero si además los medios no son transparentes al informar a los ciudadanos o se ven coartados para hacerlo o simplemente manipulados, el proceso de corrupción será más complicado de erradicar y juzgar, como ocurre en nuestro medio, desde hace muchos años.

Se puede decir que la gran diferencia entre el ejercicio del poder por el antiguo régimen y el mundo democrático, es que en el antiguo régimen ese ejercicio era marcadamente patrimonialista. Pero en los regímenes democráticos, al recaer la soberanía en el pueblo, el ejercicio del poder tiene que responder ante la nación.

Por otro lado, resultan útiles las aseveraciones de quien, además de definir la corrupción como el uso ilegal del oficio público para el beneficio personal, intuye que las dependencias personales dieron paso en el mundo industrial a la codificación formal de las organizaciones sociales buscando la eficiencia. Sin embargo, los lazos familiares o de amistad aún perduran, con más presencia conforme se desciende en la pirámide burocrática. Los países desarrollados también presentan corrupción, pero ésta tiende a frenarse cuando se da aumentos extraordinarios en la cantidad y la calidad de los medios de producción, y también si se diera una economía internacional basada en un sistema estable de intercambio de valores.

Muchos reconocen dos tipos de corrupción: La gran corrupción: que genera desconfianza en las autoridades centrales, pervierte el funcionamiento del aparato estatal, y desvía recursos. La vemos permanentemente en nuestro país, especialmente en estos últimos años. La pequeña corrupción: que tiende a movilizar pequeños montos de recursos económicos u otros bienes, y que se ubica en el escenario procedimental de atención al ciudadano. Considero que la corrupción se debe a lo siguiente: falta de conciencia social, educación o cultura del compromiso; personalidades antisociales; impunidad en los actos de corrupción; se premia a corruptos -en muchos casos-; corporativismo partidario; carencia de valores; excesivo poder discrecional del funcionario público, etc.

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