OPINIÓN    

Éxito fugaz, final trágico

Hernán Zeballos

Esas dos frases resumen el recuento que realizan el historiador Luis Antezana E., juntamente con Alejandro Antezana S., en el texto: “Cartas, arengas y proclamas del Gral. Melgarejo”, mediante el cual los autores compilan documentos relativos al personaje histórico para el periodo en que éste destaca, entre julio de 1853, hasta su muerte el 23 de noviembre de 1871.

Su aventura política se inicia en julio de 1853, con el motín efectuado a favor del Partido Rojo; el entonces presidente Manuel Isidoro Belzu ordena su fusilamiento, el cual a poco le otorga el indulto por el ruego de señoras cochabambinas que se trasladan a La Paz, para pedirlo. El presidente Belzu, atendiendo este ruego, le otorga plena libertad, como él lo expresa, ya que no le gusta hacer las cosas a medias. A su vez Mariano Melgarejo le envía una conceptuosa carta, y en ella le promete no traicionarlo en el futuro. Pero esa promesa no es cumplida en la toma del poder contra Belzu, pues Melgarejo habría dado muerte a su benefactor con un tiro de revólver.

El presidente José María Linares en 1857 dictó medidas muy duras para moralizar el régimen militar. Melgarejo en una de sus borracheras infringió estas normas el 11 de marzo de 1858, y provocó una pequeña revuelta en Cochabamba. Fue detenido como un delincuente común. Nuevamente Melgarejo dirigió una carta a un amigo cercano de Linares, esgrimiendo ciertos argumentos para pedir ser disculpado.

Al presentarse ante el tribunal marcial, pronunció un discurso que hizo llorar a todos, en breve, pero fue castigado, siendo enviado a Trinidad, de allí escapó.

Con estos antecedentes, Melgarejo se hizo una figura política y el 28 de diciembre de 1864 asaltó el poder, derrocando al presidente José María Achá. Para este golpe que lo encumbró contó con el respaldo del Partido Rojo.

En esta etapa como Presidente del país tiene las anécdotas más locas, entre las que destacan: su declaración: “mandaré en Bolivia hasta que me la gana, i al primero que me la quiera jugar, lo hago patalear en media plaza”. Considerándose el mejor gobernante de Bolivia, propuso la creación del Departamento de Tarata, cuya capital, la misma localidad, debía ser en adelante la capital de esa jurisdicción con el título de Capital Melgarejo, para lo cual emitió un decreto. Es muy conocida la anécdota en cuanto a la toma del Palacio, oportunidad en la cual Belzu fue victimado por Melgarejo. Se presentó frente a la multitud que estaba frente a palacio y exclamó: “Belzu ha muerto, ¿Quién vive ahora?”, a lo cual algunas voces contestaron: “viva Melgarejo”.

Como destacan nuestros compiladores: Melgarejo creía que hasta entonces era “el mejor presidente que tuvo Bolivia” y que le faltaban títulos para lucir. Esa actitud era producto de los halagos y elogios de sus seguidores que con falsas ideas e informaciones llegaron a persuadirlo de que no solo América y Europa, sino en todo el mundo se preocupaban por él y, es más, querían imitarlo y seguir sus pasos. Se creía “referente mundial”.

En ese ámbito de ilusión, una noche tuvo noticia de que había estallado una guerra entre Francia y Prusia. Entonces, motivado por su decisión de ir a defender a Francia, ordena a sus tropas alistarse y las convoca a la Plaza de armas, por supuesto, la población muy sorprendida”. Lanza su proclama:

“¡Soldados! La integridad de Francia está amenazada por Prusia. Quien amenaza a Francia, amenaza a la civilización y la libertad. Voy a proteger a los franceses, que son nuestros mejores amigos y a quienes amo tanto. Vais conmigo a atravesar a nado el océano, pero cuidado con mojar las municiones. Con compás, mar”.

La ruta que pensaba seguir: “por el deshecho”.

Así siguen otras anécdotas locas. Pero dada la brevedad de esta columna, solo mencionemos que “Cansado el pueblo de las estupideces y la crueldad del dictador, decide derrocarlo.

La fuga de Melgarejo se da por el Desaguadero, la noche del 15 de enero de 1861, perseguido por hordas de indios, de 35 acompañantes, acaban reducidos a 5. Cruzada la frontera siguieron hasta Zepita, luego a Tambillo. Melgarejo siguió viaje a Tacna y de allí a Arequipa. A todo esto siguió una vida de miseria y de hambre. Pasó por un intento de suicidio, para finalmente por rencillas familiares ser asesinado por dos disparos de su yerno y cuñado José Aurelio Sánchez”.

Finalmente sus restos fueron repatriados a Bolivia el año 1990 y depositados y exhibidos en la catedral de Tarata, donde hoy reposan. Para concluir, una breve reflexión: “cualquier similitud con la historia presente es mera coincidencia”.

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