OPINIÓN    

Cerco protector a Tiwanaku

Alberto Zuazo Nathes

Se debe hacer conciencia nacional de que Bolivia tiene el privilegio de contar en su suelo con una reliquia arqueológica de excepcional calidad y antigüedad, como resulta ser Tiwanaku. Aunque no se halla plenamente determinada por la historia, los cálculos de los expertos estiman que por lo menos tiene 25 siglos de vida.

Tiwanaku se encuentra situada a escasos 70 kilómetros de la ciudad de La Paz y en lo que respecta a altura estaría a 3.800 metros sobre el nivel del mar. Se halla en pleno altiplano y para llegar allí, desde esta ciudad, solo se necesita hora y media, ocupando un automotor.

Documentalmente no se tiene referencia alguna sobre su existencia, por lo que todo lo que le concierne es un gran enigma. Pese a ello, se estima que esta cultura pre-incaica abarca en el tiempo desde el año 1500 antes de Cristo y que fue abandonada hacia el año 1100 d.C., de manera que es como si hubiera desaparecido de manera repentina.

Existen, sin embargo, presunciones de arqueólogos en sentido de que un gran desastre natural pudo haber sido la causa de su abandono. Empero, mientras subsistió como cultura se ha encontrado rastros de que sus habitantes, al parecer caracterizados por ser caminantes, llegaron hasta el norte de Argentina, al este de Chile y buena parte del sur del Perú.

En este su andar por lo que hoy es el Perú, los estudiosos han encontrado indicios de que los tiwanacotas fueron los creadores del Cusco, en el sur del Perú. Empero, sorprende que la lengua que se habla en este lugar es el quechua. También se llegó a hablar esta lengua en lo que hoy es Bolivia, en Cochabamba y Oruro, principalmente en Chuquisaca.

Entendidos en la materia arqueológica indican que Tiwanaku ocupó unas 30 hectáreas en su extensión, pero que está dividida en dos zonas principales.

El área principal sobresale porque ocupó la antigua ciudad y los lugares más emblemáticos que tuvo, donde está la Puerta del Sol, que forma parte del templo de Kalasasaya (en aymara quiere decir que es el lugar donde está la piedra levantada); la pirámide de Akapana y el sitio donde había un templo semi-subterráneo. Asimismo, los lugares que los expertos llaman museos de Cerámica y Litio. En este espacio se yergue el imponente monolito, llamado ahora Bennet, que es el apellido del arqueólogo estadounidense que lo encontró enterrado entre las ruinas. El monolito tiene 7,3 metros de altura y se considera que tiene 20 toneladas de peso.

Otra de las reliquias del lugar es la pirámide escalonada, de la que se refiere que fue construida aprovechando una colina, tiene 18 metros de altura, aproximadamente.

El templo semi-subterráneo se considera como una de las edificaciones mejor conservadas. En su muro se destacan 175 cabezas de piedra caliza, el cual rodea todo el perímetro del lugar.

Existen otros detalles menores entre las ruinas, por todo lo cual es imperioso que las autoridades del Ministerio de Culturas, en vez de solo ocuparse de asuntos burocráticos, busque el financiamiento necesario para construir un cerco protector de las ruinas de Tiwanaku, porque al presente están expuestas a ser maltratadas.

Empero, lo más importante es relievar este lugar histórico, aparte de darle la prestancia de ser un lugar digno de ser visitado por propios y extraños. Asimismo como un medio de protección y lucimiento a su valor histórico, pues son las mayores de América del Sur y se prestan para ser visitadas como un lugar de excepcional significación y valía histórica.

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