OPINIÓN    

“¡Por Dios, dónde están los chicos!”

Jorge V. Ordenes-Lavadenz

Después de tanto clamor y queja de dentro y fuera de EEUU, incluyendo las mentadas conversaciones de la esposa e hija de Trump a favor de la no separación de padres e hijos en la frontera, hace poco que la administración de Trump dio brazo a torcer y dizque puso fin al ingreso de padres e hijos a territorio de EEUU con el fin de declararlos ilegales, detenerlos y separar hijos de padres, incluso niños de pecho.

Luego decidió esparcir a los chicos por todo EEUU de una manera dizque secreta. Y todavía los mantiene en lugares “ocultos” aunque, como nada es perfecto, la gente local se va dando cuenta dónde se encuentran, aunque los sitios están fuera del límite de averiguaciones que no sean subrepticias y de la prensa. No se puede ocultar el sol con un dedo.

Las autoridades de línea fueron emboscadas por el Dep. de Justicia con eso de separar, procesar y despachar, y luego con la decisión de no separar y, peor, con la decisión de “juntar lo separado”, ya que, para empezar, nunca tuvieron un plan para reunir a padres e hijos. Se dice que la Oficina de Relocalización de Refugiados, ORR, del Departamento de Salud y Servicios Públicos, hizo saber que había 3.000 niños detenidos. Pero abogados especializados en migración insisten en que los padres todavía no saben dónde están sus hijos y, peor, se viene rumoreando que no lo sabrán por semanas. Varios medios de prensa claman que esto se comience a resolver.

Cuando se comenzó a separar hijos, los clasificaban como llegados solos… y los pasaban a la ORR. El NYT cita a Bob Carey, autoridad máxima de la ORR durante la administración Obama, diciendo: “esta repartición fue creada para acoger a menores que llegaban a reunirse a sus padres naturales que ya vivían en EEUU legalmente, incluso con la ayuda de patrocinadores”. Pero aquí se trata de separaciones realizadas por el gobierno de EEUU que hasta el momento no vacila en hacer la vista gorda ante la urgente necesidad de acelerar la enmienda del error. Menos mal que para enmendar, amén de recurrir al sentido común, a fines de junio un Juez Federal de San Diego emitió un mandamiento judicial ordenando a la administración de Trump a reunir hijos y padres en 30 días, aunque, en vista del desorden oficial reinante, ha de ser difícil que el plazo se cumpla, aunque se nota el ajetreo de autoridades de inmigración que parece que están montando operativos de cientos de agentes federales para cumplir con el plazo de reunión de padres e hijos: tres mil menores de 5 años que deberían haber sido devueltos a sus padres hasta el 10 de julio. Tres mil otros hasta el 26 de julio. ¿Será? Difícil, el 7 de julio ya pedían más tiempo para unir hijos y padres.

Pero tanto esfuerzo y recurso deberían más bien utilizarse en ver de ayudar a los gobiernos centroamericanos y mexicano a luchar contra los elementos que motivan las migraciones. Uno de ellos es la inmensa demanda de estupefacientes que reina en EEUU y el lucro que causa su comercio asesino que de ninguna manera será disminuido a no ser que se considere seriamente, y hasta en condiciones de emergencia, la legalización del consumo en EEUU de forma que el precio de la droga se desplome. Lo otro es reconocer que EEUU necesita inmigración que de Europa ya no vendrá, y que del Medio Orienta está vedada. Queda la migración de América Latina que por lo histórica debe reconocerse como contribuyente desde hace tiempo al progreso y bienestar de los estadounidenses.

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