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Un cabezazo de Umtiti pone a Francia en la final del Mundial

La nueva generación “bleu” tendrá su segunda final consecutiva, tras la que perdieron en la Eurocopa 2016 ante Portugal. El conjunto galo apostó al contragolpe y de esa forma frenó en seco el sueño de la “generación dorada” del fútbol belga.

Francia se clasificó ayer a la final del Mundial de Rusia 2018 al superar a Bélgica (1-0) con un cabezazo del central Samuel Umtiti tras un saque de esquina, la sentencia de un conjunto galo que jugó sus cartas al contragolpe y frenó en seco el sueño de la ‘generación dorada’ del fútbol belga.

La cabeza de Umtiti bien vale una final, la tercera de un Mundial para Francia, lograda con la receta práctica con la que ha conseguido avanzar en Rusia 2018: la del contragolpe, con un excelente Kylian Mbappé a la carrera y un inteligente Antoine Griezmann. Solo los fallos Olivier Giroud les privaron de más goles. La nueva hornada ‘bleu’ tendrá su segunda final consecutiva, tras la que perdieron en la Eurocopa 2016 ante Portugal, y la tercera de su país en la Copa del Mundo. La primera la ganaron en casa en 1998 a Brasil con su seleccionador Didier Deschamps sobre el césped. En la segunda, cayeron ante Italia en Alemania 2006. Los dos equipos llegaban sin haber concedido casi nada: Francia, apenas un empate contra Dinamarca en la primera fase y unos minutos a Argentina en octavos, antes de que la destrozara Mbappé. Bélgica, unos octavos de sufrimiento y remontada épica ante la sorprendente Japón y una lección táctica en los cuartos a Brasil.

El balón fue desde el inicio belga, que maniobró entre una zaga de cuatro al defender y el esquema de tres centrales y dos jugadores abiertos en las bandas: Nacer Chadli y Eden Hazard.

Hazard superó en todo momento al joven lateral galo Benjamin Pavard y amenazó, primero con un disparo con la izquierda y luego con otro a la media vuelta con la derecha que despejó el central galo Raphael Varane a córner. Corría el minuto 19. El acoso belga seguía: un cabezazo de Marouanne Fellaini, un disparo tras un rechace en un córner de Toby Alderweireld... En ambas respondió Hugo Lloris, salvador de su equipo en los primeros 25 minutos.

Sin haber llegado al gol, los ‘Diablos Rojos’ bajaron una marcha, y Francia comenzó a encontrar el contragolpe y las ocasiones. Giroud tuvo dos, un remate de cabeza a centro de Pavard en una jugada ensayada, y un disparo flojo tras un pase de la muerte de Mbappé.

Tras el paso por vestuarios, la tónica siguió parecida, pero la posesión belga era menos peligrosa y los contragolpes franceses más afilados. Vincent Kompany evitó un remate a la media vuelta de Giroud, pero en el saque de esquina posterior, Umtiti se adelantó a Alderweireld y Fellaini para marcar de cabeza el 1-0.

El tanto acomodaba aún más a los de Didier Deschamps en su apuesta y a ello se unión que Mbappé destapó el tarro de las esencias: una carrera con pase para Matuidi y un pase de tacón dentro del área para el remate de Giroud. Roberto Martínez reaccionó quitando un medio (Dembéle) y sumando al delantero Dries Metrens. En cinco minutos, dos centros del atacante del Nápoles obligaron a Lloris a sacar un balón con los puños y a ver cómo otro, rematado por Fellaini, se iba a unos metros de su portería.

Conforme avanzaba el reloj, la desesperación belga iba en aumento mientras los aficionados franceses empezaban a entonar ‘La Marsellesa’. Lukaku tuvo una opción de cabeza, pero no llegó a conectar y Courtois detuvo un disparo raso a Griezmann. Pero ya poco importaba, porque los ‘bleus’ estarán en la final de Moscú.

FIESTA TOTAL EN PARÍS

La hinchada francesa festejó ayer en París el pase de su selección a una tercera final de un Mundial de fútbol, después de la de 1998 y 2006, con loas a Kylian Mbappé, el favorito de los aficionados, y a Samuel Umtiti, el goleador en la victoria ante Bélgica (1-0).

En París, unos 2.100 kilómetros de San Petersburgo, palco de las semifinales franco-belgas, el ambiente futbolístico hervía como no lo hacía desde hace tiempo.

Si la Asamblea francesa detuvo los trabajos legislativos “por razones de unidad nacional” para que los diputados siguiesen el partido, las calles de la capital gala hervían en los prolegómenos.

En un ambiente febril, los bares y restaurantes del centro estaban ya repletos una hora antes del encuentro. También registró lleno la plaza del Ayuntamiento parisino, a las orillas del Sena, donde se agolparon miles hinchas frente a una pantalla gigante.

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