EDITORIAL    

No dejar para después lo que debe ser atendido hoy



Es necesario comprender que dada la gravedad de la pandemia a la que está sometida casi la mayoría del mundo, es urgente tomar previsiones sobre lo que humanamente sea posible y que, en todo caso, debe ser resuelto en el día a día porque después no tendría razón de ser. Hay, innegablemente, revuelo social, político, económico y hasta cultural por lo incierta que se hace la situación, por la complejidad de los acontecimientos y hasta por las variantes imprevisibles de la enfermedad que, a capricho, somete a la humanidad a sus vaivenes implacables y desorbitados que solo buscan y encuentran más víctimas que nunca comprenderán el porqué de lo que ocurre.

Cabría recordar que en los inicios del virus, había pesimismo en la población acerca de que vaya a tener la contundencia que hoy posee; ahora la situación es diferente, puesto que ya hay experiencias en la colectividad sobre cuánto puede abarcar la enfermedad y hasta qué límites insospechados puede arribar. Todo el bagaje de experiencias, especialmente en penas y dolores, debe servir para preparar y comprender lo que vaya a ocurrir en un tiempo inmediato, puesto que hablar de futuro resulta inútil porque se ignora hasta dónde se puede abarcar y cuánto se tardará en aplicar vacunas y remedios efectivos y contundentes contra el mal; entretanto, lo que corresponde es que las dotes de disciplina, paciencia y constancia en las previsiones no disminuyan y se fortalezcan conforme transcurren los hechos que resultan imparables.

Todo lo pasado señala un camino que se debe recorrer, en honor inclusive de los caídos como en un holocausto, población que, al estar junto al Creador, seguramente ruega para que termine el drama y los pueblos retomen su vida, solo con la diferencia de haber cambiado, de haber trocado lo malo hecho, por conductas dignas y constructivas, por senderos donde el bien común sea norma a ser cumplida para evitar que el mismo virus se haya asentado con la intención de renacer. Y es que el mal en que se inició, seguramente tuvo como base fundamental a todo lo malo que hubo en el mundo; males que se necesitaba depurar para evitar que los pueblos no agraven sus desgracias, tan solo por la falta de solidaridad de quienes no aceptan que solamente la virtud puede asegurar la paz y la concordia.