EDITORIAL    

Más cultivos de coca en frontera Perú-Bolivia



La transnacional del narcotráfico ha encontrado, hace varias décadas, que la frontera entre Perú y Bolivia es apta no solamente para el traslado y paso de cocaína sino para cultivos de coca aprovechando bosques y valles existentes en la región. Se confirma todo esto en razón de que analistas de Insight Crime han establecido que las plantaciones de coca aumentaron sustancialmente en la frontera; que poblaciones con pocos habitantes se han elevado hasta contar con 40 mil personas que, en su mayoría, dedican tiempo y dinero al cultivo de coca y, no sería raro, a la fabricación de cocaína.

La información señala: “El aumento de los cultivos de coca alrededor de un parque nacional en la frontera de Perú con Bolivia ha ido de la mano con el deterioro de la seguridad, así como con un cambio en el traslado de droga por vía terrestre. Residentes en el Parque Nacional Bahuaja Sonene, selva tropical en el sureste del Perú, situado en el departamento de Puno, según un informe de la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Delito (Onudi) registraba apenas unas 200 hectáreas de coca sembradas dentro del parque. Paralelamente, se informa de otras 100 mil hectáreas en las inmediaciones del parque, un incremento del cuádruple en relación con el informe de 2017”.

Los analistas coinciden en señalar que aumentaron los cultivos de coca y, consecuentemente, un incremento de la población en el vecino distrito de San Pedro Putima de Punco, de 15 mil a 40 mil habitantes. Este aumento demográfico ha implicado el incremento de la inseguridad por diversos delitos que son cometidos. Según los estudios, las remesas de droga a Brasil, Argentina y Paraguay se han visto incrementadas en los últimos tiempos debido a que la nueva vía permite traslados más rápidos y seguros.

Muchas veces se ha sostenido que la transnacional de las drogas que tiene ramificaciones en todo el mundo, aprovecha la pobreza de las comunidades indígenas para conseguir mayores cultivos de coca y, últimamente, para utilizarlas como “sitios perfectos para la industrialización de las hojas de coca” y su posterior traslado a mercados que consideran seguros y en tránsito a Europa y Asia. En los tiempos en que se cultivaba grandes cantidades de coca y se producía mucha cocaína, el llamado “parque Huallagas” fue centro de operaciones para la guerrilla que trabajó conjuntamente el narcotráfico, por considerarse ambos como seguros aliados.

Los llamados ‘empresarios de la droga’ aprovechan cualquier coyuntura para ampliar su letal negocio y no sería raro que la frontera entre Perú y Bolivia sea en la actualidad un centro no solamente de cultivo de las hojas de coca sino para el acopio de lo producido en otras regiones y que es trasladada por diferentes medios para su industrialización. Ambos gobiernos tendrán que tomar las previsiones más enérgicas para evitar que el mortal negocio prospere.