OPINIÓN    

Gobierno Jeanine-MAS da el golpe de Estado a la insurrección

Luis Antezana



Parte II

La tarde del domingo 10, la insurrección triunfante del pueblo obligó a Evo a fugar y renunciar a la presidencia, pero los dirigentes políticos opositores no tomaron el gobierno, mientras algunos de ellos empezaron a buscar solución al vacío de poder que se había producido. Luis Vásquez encontró que la fórmula para elegir al presidente era recurrir a un caso similar con motivo de la renuncia del presidente Hugo Banzer en manos del vicepresidente Jorge Tuto Quiroga. En efecto, en 2001 el Tribunal Constitucional dictó la Resolución 003-2001, que establecía que el sucesor jerárquico en la presidencia no requería ni ley ni resolución congresal y podía asumir el mando del Estado de ipso facto.

Al día siguiente, lunes, Vázquez y Tuto Quiroga se dirigieron al centro de La Paz en medio de dificultades, pues las calles ya no estaban copadas por los insurrectos sino por los evistas que bajaron agresivamente de El Alto, protestando contra la quema de una whipala. Se incendió y saqueó casas de dirigentes políticos, se cometió violencia callejera, se quemó 64 buses PumaKatari y otros actos de vandalismo que causaron terror colectivo que originó que la población levante barricadas para repeler la agresión. En medio de ese ambiente, en la plaza Murillo, Vásquez y Quiroga repartían fotocopias de la Resolución 003-2001 y se llamó a diputados y senadores a reunirse para cumplir con la norma del Tribunal Constitucional. Entre tanto, circulaban versiones de una toma del Palacio por Camacho o una Junta civil-militar.

Sin embargo, no había parlamentarios presentes en La Paz y Camacho ofreció hacer que una empresa de aviación traiga a La Paz los suficientes para hacer quórum, sugerencia que se cumplió y entre los recién llegados a El Alto apareció la vicepresidente del Senado, Jeanine Añez, militante del Movimiento Demócrata de Oscar Ortiz, supuesta próxima presidenta, quien fue trasladada por los militares al Cuartel General de Miraflores y luego a la plaza Murillo, donde recibió de manos de Quiroga una fotocopia de la Resolución 003-2001, que disponía que podía ser presidenta de un nuevo gobierno y, enseguida, la escoltaron hasta la entrada al Palacio Legislativo.

Enseguida, a medio día, Tuto y Vásquez se trasladaron a Sopocachi, donde recibieron llamadas telefónicas del representante de la Unión Europea (UE), León de la Torre y el arzobispo de El Alto, Eugenio Escarpellini, (allegados al MAS), que los invitaban a una reunión en la Universidad Católica para un diálogo con representantes del gobierno caído de Evo Morales. Así, la asistencia foránea intervenía abiertamente en la solución de la crisis interna boliviana.

En representación del gobierno derrocado asistieron Adriana Salvatierra, Teresa Morales, Betty Yañíquez y Susana Rivero. Por los delegados del movimiento social, Jerjes Justiniano (en nombre de F. Camacho), Waldo Albarracín, Rolando Villena (Conade), Oscar Ortiz (demócratas), Carlos Mesa y Ricardo Paz (CC), Tuto Quiroga y Luis Vásquez, que no hicieron objeción y muy poco tuvieron que ver con la insurrección popular y sus alcances y en cuyas manos quedó el destino del país. ¿Qué intereses tenían esos extranjeros a intervenir en asuntos internos de la vida política boliviana? ¡Solo Alá lo sabe!

En la reunión los derrotados empezaron a poner condiciones y pidieron garantías para la vida y salida del país, “sano y salvo”, de Evo Morales. El avión mexicano estaba en el aeropuerto de Lima sin poder entrar a Bolivia por falta de autorización de la FAB. También exigían se levanten las órdenes de detención contra exautoridades del MAS.

Entre tanto, Evo Morales, aterrorizado en el Chapare, en medio de amenazas de muerte, llamaba a una histérica Salvatierra, para que se lo saque del país y para ello se permita entrar al avión mexicano a Bolivia.

Finalmente, el Inspector General de la FAB, Juvenal Pacheco, a las 6 de la tarde autorizó el ingreso del avión militar mexicano a Bolivia, mientras, Evo Morales, angustiado, insistía desde Chapare afirmando que no confiaba en las garantías que le ofrecía la comisión negociadora presidida por Tuto y formada por mesistas, masistas, demócratas, asesores y otros y representantes de Evo Morales y del MAS.

Al terminar esa reunión, los protagonistas se trasladaron a la Universidad Católica y, casi cinco horas después, 21:00 del lunes 11, aterrizaba en el Chapare y, por fin, el avión mexicano, con la misión de recoger a los tres exgobernantes, Evo Morales, Álvaro García y Montaño, para partir de inmediato a México. Pero, cuando se pidió permiso a Lima para volar y aterrizar en Perú, el gobierno peruano negó su ingreso, hecho que provocó un estado de pánico entre los viajeros, que empezaron a pedir socorro y hacer llamadas telefónicas de auxilio “a todo el mundo”, pues su inmolación era inminente, ya que policías de UMOPAR tenían preparado atentar contra la vida de los exgobernantes. Entre tanto, Salvatierra no dejaba de presionar a Tuto para que salve a Evo y así Tuto se convirtió. según sus palabras, en “agente de viaje de Evo” para ayudarle a salir del país.

En conocimiento de ese incidente, en el extraño cónclave de los pontífices en la Universidad Católica, políticos, obispos, embajadores y parlamentarios del MAS, se consideró la noticia. Pero, para tranquilidad general, la gestión para que Paraguay permita aterrizar en su territorio al avión mexicano, dio resultado y a las 11 de la noche del 11 de noviembre, en el Chapare, los tres prófugos abordaron el avión, no sin antes despedirse, derramando lágrimas, como simples ciudadanos de a pie, ante los canales de televisión. Un funcionario de la Unión Europea sintetizó el suceso diciendo: “Evo salió escapando del país”. Enseguida el avión voló sobre territorio brasileño (con permiso oficial) y sobrepasando territorio peruano navegó sobre el océano Pacífico, sin obtener permiso para aterrizar en Ecuador y, finalmente para llegar a México después de 16 horas de vuelo, en vez de siete.

Entre tanto, el La Paz se hacía esfuerzos para reunir a la Asamblea Legislativa, (cuando se prolongaba el vacío de poder ¡que ya duraba tres días!), lo cual era poco menos que imposible porque los legisladores no podían viajar por falta de vuelos y sería necesario esperar dos o tres días más, duración imposible de aceptar porque el país no poda estar más tiempo sin gobierno.

Mientras, los artífices de la Resolución 003-2001, Tuto y Lucho, sostenían que no había tiempo que perder y que la medida debía cumplirse ipso facto, la sugerencia fue apoyada por Mesa. Entonces se dio por definida la situación, Ricardo Paz llamó por teléfono a Jeanine Áñez y preguntó: “¿Está dispuesta a asumir el cargo de presidenta?”. “Sí, lo estoy” –respondió Áñez. Pero, la cuestión no estaba terminada.

Se esperaba aún la decisión del Tribunal Constitucional para posesionar a la presidente, pero, por otro lado, el MAS presentó nuevos obstáculos, como oponerse a que Áñez asuma el gobierno y en vez de ella lo haga Víctor Hugo Zapata del MAS o bien Edwin Rodríguez del Partido Demócrata, que serían elegidos como presidentes del Senado, sugerencias que cayeron en saco roto, ya que no había otra salida que “Jeanine o Jeanine”.

Entonces, la intransigencia de las tres diputadas del MAS sólo pudo quebrarse porque no podían votar contra una mujer y, además, la actitud del comandante de las Fuerzas Armadas, Kalimán, que se resistía a salir a apoyar a los policías que clamaban ayuda al ver que decenas de sus oficinas eran atacadas e incendiadas por la contrarrevolución en varias partes de La Paz y El Alto.

Ante esa actitud de Kalimán, Jeanine Áñez, que hasta entonces jugaba con muñecas de trapo, se puso firme y alrededor del 7:30 de la noche del lunes, desde la presidencia del Senado, conminó al General a deponer en su intemperancia, imponiendo: “Usted va a ser responsable de todo lo que suceda en este país si después de este pedido que yo le hago, como presidenta del Senado, no coordina con la policía”. Entonces, algo después de las diez de la noche, el comandante de las FFAA apareció en televisión y declaró que recibió una carta de la Policía, diciendo que su Fuerza había sido “rebasada”. Enseguida aseguró: “En cumplimiento la misión constitucional, el mando militar ha dispuesto que las Fuerzas Armadas ejecuten operaciones conjuntas con la Policía Boliviana”, declaración que atenuó el estado de convulsión.

Pese a todo, la crisis política seguía en ascenso y se rumoreó que amenazaba un golpe militar y Fernando Camacho no cejaba en tomar el poder, por lo que el concilio de los obispos y políticos aceleró en pedir al Tribunal Constitucional que se pronuncie en torno a la Resolución 001, algo casi imposible porque la ciudad de Sucre estaba también convulsionada y los magistrados fuera de control, aunque, finalmente, el lunes en la mañana se informó que estaban de acuerdo con la Resolución, “como tabla de salvación” del régimen naufragado, aunque se comentó que esa isla de salvación solo era el lomo de una ballena.

La presidenta convocó a reunión del Legislativo para el martes con el fin de aprobar la elección presidencial, pero, como el MAS tenía mayoría parlamentaria y no iba a aceptar, el problema se complicó. Entonces, --como a falta de pan, buenas son las tortas--, sin quórum y solo con la minoría parlamentaria, Jeanine Áñez se proclamó presidenta, pronunció un discurso indicando que el presidente y el vicepresidente huyeron del país, “lo que constituye un abandono material de funciones. En el caso presente, se materializa la ausencia definitiva por abandono del territorio nacional… lo que obliga a aplicar la sucesión presidencial… Como presidenta de la Cámara de Senadores asumo de inmediato la presidencia del Estado… y me comprometo a asumir todas las medidas necesarias para pacificar al país”.

Acto seguido, consumado el coup de theatre, la flamante mandataria y su comitiva se dirigieron al Palacio Quemado y allí el jefe de la Casa Militar le impuso la banda y la medalla presidenciales.

Al día siguiente, Áñez organizó su gabinete de ministros, mientras el Órgano Legislativo y todos los organismos del aparato del Estado quedaban en manos del MAS, como si nada hubiese pasado. La insurrección y no un golpe de Estado, sacó del gobierno al MAS, Evo Morales y compañía y, enseguida, el Gobierno de transición dio el golpe de Estado al levantamiento popular y, finalmente, ante el asombro del pueblo, devolvió todo el poder al MAS, partido con que cogobernó diez meses, volviendo a punto cero. Cabe recordar que no hay tragedia más grande en la humanidad que empezar de nuevo lo que ya se había empezado.

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