OPINIÓN    

Buscando una educación inclusiva

Claudia V. Araujo Caviedes



Actualmente los educadores reconocen que no tienen las bases necesarias para implementar una educación inclusiva, tanto así que muchos de ellos creen que incluir es lo mismo que integrar. Por otro lado, si bien una mayoría está predispuesta a continuar su formación referente a esta temática, queda mucho por hacer.

Día a día los educadores se encuentran en situaciones donde a veces no saben cómo resolver problemas y las van solventando como buenamente pueden. Si un educador tiene en su aula un estudiante que necesita apoyo, y ese apoyo no existe, necesitará más tiempo y recursos para centrarse en esa persona; tiempo y recursos que quizás esté quitando al resto.

Cuando hablamos de Educación Inclusiva, no sólo se debe pensar en aquellas personas con discapacidad, lo cual es un gran error en el que cae la mayoría, ya que existen otros grupos, como ser los estudiantes con dificultades de aprendizaje, talento extraordinario y grupos vulnerables que también necesitan ser incluidos en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Otra situación que se genera por la falta de conocimientos para llevar a cabo la tarea que encomienda la Educación Inclusiva, es la ansiedad en los educadores al no tener las herramientas necesarias para encarar esta importante labor que es la de incluir.

Bolivia a partir de la vigencia de la Constitución Política del Estado Plurinacional ha establecido una nueva visión de la política educativa, reconfigurando el Sistema Educativo y constitucionalizando además un régimen jurídico específico acerca de la discapacidad en su carácter integral. Sin embargo, es importante que en Bolivia las políticas inclusivas partan de la Dirección de Educación Regular y no de la Alternativa y Especial como hasta ahora, puesto que no sólo las personas con algún tipo de discapacidad deben ser incluidas, sino todos los grupos en desventaja, como señala la Declaración de Salamanca.

En la actualidad se ha avanzado muy poco en la implementación de estas políticas públicas educativas, que deberían comprender el acceso, el rendimiento académico con adaptaciones de infraestructura, adaptaciones curriculares, adaptaciones de investigación, entre otros, con el objetivo de garantizar el acceso, rendimiento, y titulación en el marco de la igualdad y equiparación de oportunidades. Es decir, que la Educación Inclusiva exista no sólo en términos jurídicos sino también reales y palpables.

Un educador con el panorama más claro sobre lo que realmente significa “Incluir”, aportará de mejor manera a nuestra sociedad. Claramente iniciativas de esta naturaleza deben partir de instituciones como el Ministerio de Educación, con acciones reales para brindar este tipo de capacitación a los futuros educadores y a los que ya están en ejercicio, pero lamentablemente el tiempo no se detiene y los estudiantes no esperan, son necesarias acciones hoy, ahora, para romper este tipo de barreras y ofrecer una educación de calidad para todos.

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