OPINIÓN    

Hagámoslo, ahora o nunca

Severo Cruz



Periodistas de diferentes medios de comunicación sufrieron los embates de quienes estuvieron confrontados políticamente, en los últimos tiempos. Pues dichas actitudes no sólo intimidaron sino que restringieron la labor informativa en una circunstancia tan difícil del país.

Recordemos que los representantes de los medios de comunicación sólo se limitan, en todos los tiempos, a reflejar la realidad de una determinada sociedad, unida o dividida, en dictadura o democracia. De una sociedad fragmentada, de manera irremediable, entre el campo y la ciudad, entre jóvenes y viejos. Y punto.

Jamás, que sepamos, incurrieron en el despropósito de tergiversar la noticia, hecho que habría confundido y desorientado a los integrantes de una sociedad, en momentos decisivos e históricos.

En las dictaduras ellos han sido detenidos, perseguidos y silenciados, por quienes se creían dueños de un país, por sólo haber difundido la noticia, con veracidad. Existe, a propósito, un registro de comunicadores que soportaron tales rigores.

Evoquemos, a modo de refrescar la memoria, que “La Prensa de Buenos Aires (Argentina), entonces –hablamos de la década de los 50- el más grande de los diarios latinoamericanos, cuya influencia en el mundo de habla española era comparable al Times de Inglaterra y el New York Times de los Estados Unidos, y era conocida por su independencia y sus ideas moderadas. Un día estalló una huelga de los repartidores de diarios de La Prensa (los canillitas según la expresión porteña). La prensa oficialista inició una campaña de acusaciones contra el diario y el trato que daba al público trabajador que dependía del reparto de diarios. La Prensa dejó de aparecer… Al cabo de varias semanas pasó a ser propiedad de la C.G.T., transformándose en un diario peronista” (1).

Este dato ratifica que los medios de comunicación, fuente de trabajo de aquéllos, siempre han tropezado con serios problemas, allí o acá. En Democracia, que representa el sistema de libertades, se debería, por lo tanto, garantizar la labor periodística, sea cual fuere su origen. Y no solamente con palabras sino con hechos o medidas, al margen de todo apasionamiento político.

En nuestra región, por lo visto, los excesos y las manipulaciones políticas acallaron o pretendieron acallar, sin consideración alguna, la voz de los sin voz. La voz objetiva e imparcial. La voz comprometida con el ciudadano de a pie. La voz que no encubría las actitudes sospechosas.

La antorcha de los medios de comunicación siempre ha iluminado, en las tenebrosas noches del autoritarismo, el camino que conduce a la verdad y la libertad. Quizá ello ha incomodado a los poderosos de turno. He ahí el mérito que han marcado ante la historia y los hombres. Es incuestionable, desde todo punto de vista.

Estamos convencidos de la gravedad política que vive el país. En ese entendido contribuyamos a la pacificación nacional, dando el lugar que corresponde a quienes se dedican a proporcionar información a la ciudadanía.

En suma: hagámoslo, ahora o nunca.

(1).- Jacob Tsur: “Cartas Credenciales N° 4”. La Semana Publicaciones Ltda., abril de 1983. Israel. Pags. 150, 151 y 152.

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