OPINIÓN    

¿Cómo sería el mundo si se usara la conciencia?

Armando Mariaca

Vivimos tiempos muy duros y difíciles por todo lo que ocurre en el mundo: guerras, desencuentros político-partidistas, crisis económicas de todo tipo, crímenes, secuestros, atentados terroristas, extrema pobreza, conflictos sociales en muchos países; problemas de la deuda externa; crisis de virtudes, carencia de valores y principios, etc., etc. Muchas veces surge la convicción de mucha gente que ya ha vivido dificultades de toda laya y saca conclusiones, comparativamente con el pasado para llegar siempre a los mismos resultados negativos.

La pregunta más en boga es: ¿Cómo sería el mundo si se utilizara la conciencia? Pregunta que, lógicamente, se complementa: para ello, será necesario que el hombre cambie, abandone poses de soberbia y petulancia, evite las mentiras que labran su propia condena ¿Se contentaría con lo que ha alcanzado la humanidad en cultura, ciencia y tecnología? ¿Tendrá noción de lo que está haciendo en el diario vivir al no cumplir debidamente sus deberes y responsabilidades con su país, su familia y todo el entorno que lo rodea y está pendiente de sus actos?

¿Cúal es la situación de quienes promueven guerras y enfrentamientos utilizando cualquier pretexto? ¿Cuánto valimento pueden tener los múltiples pretextos que se utiliza para desencadenar conflictos y para que rijan gobiernos que no saben de derechos humanos y menos de obligaciones que ellos tienen como autoridades que, se entiende, han sido elegidas por sus pueblos? ¿Qué ejemplo se está dando a las nuevas generaciones? ¿Cómo, en su inocencia, nos deberían ver los niños? ¿Cuál será su futuro? ¿Heredarán, tal vez, los mismos defectos, las mismas conductas sin ápice de conciencia ni sentido de bien común?

Todo lo descrito podría tener una respuesta: Hay necesidad y urgencia de utilizar la conciencia, la que corresponde a cada uno de los miembros de la sociedad mundial; pero, muy especialmente, la conciencia de gobernantes, de gentes que poseen poder político, económico, social, cultural, deportivo, etc. Es esta gente, la que está en situaciones expectables y que desde ahí podrían hacer mucho si utilizaran el poder de sus conciencias; conciencias que les haga ver, sentir, sopesar y aplicar, retrotrayéndolas, las virtudes que las tienen adormiladas o simplemente, las han rechazado y anulado en su diario existir.

Pero, hay un pero para todo. Y es que más importan las conveniencias y los intereses propios, de grupo, de partido, de empresa, de negocios o, también, intereses basados en las pasiones que no dejan paso a nada bueno y constructivo porque rige aquello de “yo soy primero y también soy yo después… lo demás, ni conozco ni me importa”; este grado de deshumanización de la propia conciencia es el que anula todo en el hombre que, si quisiese, podría hacer mucho con miras a los cambios, a trocar lo malo y hacer que rijan en el mundo condiciones de fe, amor, libertad, paz y democracia.

Muchas veces, para quien escribe, al igual de lo que les ocurre a colegas, escritores, analistas y seguidores del acontecer mundial, es difícil escribir casi siempre sobre lo mismo porque parece que a nadie le importa se diga lo que sea porque no le hace mella ni en sus intereses ni en su vida y menos en un despertar de sus conciencias. Difícil y hasta imposible resulta buscar en el recoveco de las conciencias ajenas que resurjan las virtudes; de nada valen escritos, criterios, ideas y pensamientos, sugerencias y consejos, muestras de lo que debería ser el diario existir cuando en el diario vivir se encuentra orgullo que se hace soberbia y petulancia, especialmente en los que poseen poder político o de cualquier naturaleza.

Cuántas veces se añora que el hombre, cuando abandona su fe en Dios y en sus semejantes y tiene su propio dios en si mismo, pueda alcanzar las cimas de la comprensión, del encuentro de valores, de condiciones de vida que no sean simple existencia sino vida plena. Cuán difícil resulta que se dejen las ambiciones por los campos de las pasiones que destruyen, las sendas del deterioro de la fe y del amor, de las reglas que enseñan que sólo se debe alcanzar plenitud de vida mediante el amor, la libertad, la justicia y la concordia entre todos.

Al escribir estas sencillas líneas sé muy bien que siembro posiciones que terminen en risas porque, -así parece- son ideas fantasiosas de un iluso, de quien cree aún en la conciencia como medio regulador de la vida, como instrumento para un comportamiento digno, honesto y responsable de todos los hombres. Un iluso que aún cree y tiene fe en Dios y en las virtudes y valores de la humanidad; pero, al escribir, tengo la esperanza de que si el uno por ciento de lo escrito llega a terreno fértil que coincida conmigo, puedo considerarme contento y esperanzado.

Cuán diferente sería el mundo si los que poseen poder pueden amar y servir a ese mundo, puedan entender que lo que tienen o son, es gracia y dádiva de Dios que se les otorgó para que sirvan y con ese servicio acrecienten el valor y sentir de su conciencia porque el bien hecho fortifica la conciencia de los que reciben; y reciben como se lo hace con el amor, la ternura, la dedicación de la madre que siempre es un pedazo de Dios.

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