EDITORIAL    

Asentamientos ilegales causaron los incendios



Los incendios sufridos hace algunos meses en toda la región de la Chiquitania han causado inmensos quebrantos al país; pero lo peor es que han destruido sitios en los que será casi imposible reponer vegetación y menos conseguir que el reino animal pueda ser lo que fue antes. Hay que reconocer, además, que los asentamientos de población con miras a crear nuevos pueblos, serán casi imposibles.

Todas las experiencias habidas en la Chiquitania demuestran que los asentamientos ilegales de campesinos procedentes de las regiones occidentales del país, que suman muchos miles de personas, son los causantes de los incendios, porque ellos han recibido de las autoridades la simple autorización para “proceder a quemar pastos, árboles y bosques para habilitar terrenos tanto para construir viviendas como para cultivar alimentos de toda clase”. No han recibido lo prometido; “asesoramiento técnico, herramientas, maquinaria, semillas, abonos y menos las condiciones aptas para la vida de los pobladores”.

Esos asentamientos han sido efecto, simple y llanamente, “de la ansiedad de conseguir nuevos poblados que apoyen al régimen imperante y que, en caso de elecciones, apoyen al candidato oficial”. Esta fue realidad que muchos campesinos, indígenas y originarios del altiplano, de las cabeceras de valle y de los valles aceptaron colonizar porque “el gobierno así lo prometió” y fueron ofrecimientos y promesas que nunca se cumplieron. Cuando los medios de comunicación reclamaron, en nombre de los campesinos asentados, por lo que se les debía, la respuesta siempre fue la misma: “se está formalizando los planes de ayuda y asesoramiento a todos los colonizadores para conseguir que esas regiones sean productivas y los ciudadanos que gocen de todas las oportunidades”. Como siempre, en este como en otros ampos de la vida nacional, las promesas, los juramentos y los “contratos para crear nuevas colonias” nunca se cumplieron y, si alguna vez hubo aproximación de las autoridades a esas regiones, fue para pedirles “que apoyen a tal o cual persona con miras a que gane las elecciones; que ellos cumplirán con todos los planes formulados originalmente”. Esta fue realidad que primó y esos asentamientos ilegales, abandonados y echados a su suerte, se convirtieron en incendiarios involuntarios de pastos, bosques y selvas de la Chiquitania por decisión del populismo practicado irresponsablemente por el gobierno.

Es preciso reconocer, además, que ningún partido político en su campaña electoral se ha referido a este tema que es crucial y que debe merecer la oportuna atención de los políticos y mucho más por parte de quienes sean elegidos como autoridades. Así el caso de la Chiquitania se ha convertido en muestra contundente de que, en campaña político-partidista, todo se promete y nada se cumple, por soberbia, deshonestidad e irresponsabilidad.

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