OPINIÓN    

¿Desaceleración económica?

Riesgos dividen a optimistas y pesimistas



Toda predicción económica depende de supuestos, explícitos o no, sobre el entorno en que se realiza. Cuando este entorno es relativamente estable, apostar por su continuidad puede ser razonable, aunque puedan sorprendernos cambios de las circunstancias internacionales o internas. Pero en periodos de alteraciones profundas e inciertas, toda visión de futuro depende, drásticamente, del entorno por el que apostemos. Los cambios disruptivos exigen una evaluación permanente de riesgos.

Cuando analizo predicciones diversas sobre el crecimiento económico a corto, medio o largo plazo de EEUU, China, México, Alemania, Italia o España no veo optimistas frente a pesimistas, sino toda una amplia gama de predictores que va desde los que proyectan pasados o coyunturas actuales, a los que apuestan por entornos de futuro más o menos realistas o probables.

¿Qué supuestos hay detrás de las predicciones de crecimiento del PIB en 2019/2020 para estos países realizadas, por ejemplo, por el FMI? ¿Por qué EEUU va a reducir la tasa de crecimiento en un punto de porcentaje entre 2018 y 2020, hasta quedar por debajo del 2%? ¿Y China continuará aún por encima del 6% y México se mantendrá por debajo del 2%? ¿Seguro que Alemania crecerá menos del 1% este año y no llegará al 1,5% el próximo? ¿Italia rondará el crecimiento cero? ¿España reducirá su ritmo hasta menos del 2% en 2020?

Según el FMI, sus predicciones se sostienen en los supuestos de unos aranceles mantenidos, una política fiscal predominantemente expansiva en 2019 y contractiva en 2020, una política monetaria de endurecimiento con alza de tipos de interés en EEUU y aún negativos en Europa hasta mediados de 2020, una incertidumbre financiera-económica-social a la baja y precios del petróleo mantenidos alrededor de los 55$/barril y en disminución para los metales.

Pero no considera el posible efecto (aislado o acumulativo) de riesgos, como un aumento de las barreras arancelarias, tipos aún más elevados en EEUU con apreciación del dólar y efectos en cadena en los mercados emergentes, ciberataques, vulnerabilidades e incertidumbres financieras o riesgos de cambio climático o políticos internos.

Según los últimos datos del World Uncertainty Index, la incertidumbre a escala global estaría en un nivel del orden de 250 puntos en una escala de referencia que da 100 puntos al promedio 1996-2010.

Naturalmente, una valoración más fina, país a país, exige añadir una toma de posición sobre condicionantes políticos propios y riesgos especiales en economías de alto impacto por su peso en comercio exterior, inversiones o flujos financieros.

A título de ejemplo, el Banco de España prevé una continuidad de la senda expansiva hasta 2021, con una desaceleración gradual del crecimiento y la creación de empleo, con riesgos adicionales derivados de la política económica (y especialmente fiscal) que termine aplicando el Gobierno según los pactos post-electorales aún por definir y mantener en el tiempo, con minorías parlamentarias.

Si revisamos las predicciones de la veintena de centros no oficiales sobre el futuro inmediato de nuestra economía podemos ver que, dentro de un proceso de desaceleración, la tasa de variación del PIB 2019-20 no baja del 1,5% ni supera el 2,1%. Sin embargo, las discrepancias sobre política interna llevan a supuestos muy dispares sobre déficit público o, incluso, tipos de interés, comportamiento de la inversión o crecimiento salarial.

Más aún: algunos centros de predicción empiezan a atreverse a valorar entornos de predicción que van más allá de unas moderadas alteraciones de escenarios a la baja o al alza, para apuntar riesgos rupturistas con su cuantificación de efectos y la asignación de una probabilidad, subjetiva, de ocurrencia.

Un informe reciente deThe Economist Intelligence Unit, valora como riesgos de probabilidad “moderada” y de alto impacto el que la elevada deuda corporativa en EEUU transforme la desaceleración en recesión y termine contagiando tanto a economías desarrolladas como a mercados emergentes. Una valoración de su impacto para España apunta una posible caída en recesión durante un periodo corto y con una muy baja probabilidad de ocurrencia (por debajo del 5%).

Desgraciadamente y provocando una confusión en los utilizadores de las predicciones, no siempre los análisis responden a criterios objetivos y explícitos. Sobre todo en periodos electorales, las diferencias no responden, a veces, a perspectivas de entornos más o menos optimistas o pesimistas, sino a visiones interesadas de apoyo o debilitación de propuestas políticas partidistas.

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