EDITORIAL    

Se exporta menos gas y se importa más combustibles



Los descuidos siempre cuestan caro, señala un viejo dicho. Esta es realidad en nuestro país porque el gran descuido de no haber previsto más producción de gas con la explotación de nuevos pozos e incentivar el crecimiento de la producción para atender las mayores demandas, hoy se paga muy caro. Estamos en situación de importar más combustibles, como en el caso de la gasolina, el diesel y otros, cuyo consumo interno aumentó sustancialmente; y, por otro lado, no podemos cumplir contratos con el Brasil y la Argentina.

Nuestros campos de producción gasífera tienden a periclitar; pero la demanda del energético es cada vez mayor si se tiene en cuenta que a Brasil y Argentina estamos exportando mucho menos de lo señalado por los respectivos contratos; por otra parte, el consumo interno ha aumentado notablemente y podría ser muchísimo mayor si es que se cumple con la provisión a casas y edificios que ya firmaron contratos con YPFB para proveerles del energético.

Lo dicho es la realidad, pero las autoridades anteriores sostuvieron que “cumplimos nuestros compromisos y que para el consumo interno se han tomado las previsiones”; dos afirmaciones que están lejos de la verdad porque lo que importamos es cada vez mayor; que las posibilidades de aumentar la producción ya no existen, que lo que no cumplimos con Argentina y Brasil debemos pagar sea con la futura entrega de gas o con dinero “constante y sonante” y según precios internacionales.

¿Qué hacer ante realidades que se hacen cada vez más evidentes? Lo ideal y correcto sería: decir siempre la verdad, no utilizar sofismas y subterfugios para mostrar realidades que no son y que complican las situaciones reales tan sólo “para que el pueblo esté bien informado y no se preocupe por lo que pudiese pasar”. En todo caso, es preferible que el pueblo sepa la verdad porque con ella sufrirá menos que con el engaño, con informaciones que muestran ineficiencia e irresponsabilidad. Eso ocurre cuando las autoridades no quieren que conozca la población la situación real, pero el pueblo intuye la verdad, observa en el día a día lo que pasa y colige cuán grave es el problema. No es, pues, la población tan ignorante e incapaz de no darse cuenta de realidades; pero, por ello mismo, las autoridades deben ser honestas y realistas informando verdades y no apoyarse en sofismas y mentiras que causan daño, decepcionan y hasta agrandan la gravedad de lo que ocurre.

Nuestra realidad es dura y preocupante: exportamos menos gas porque producimos menos y, por otra parte, importamos combustibles porque la demanda interna aumenta. Estos hechos realistas no se los enmienda con engaños, como especialmente hicieron los anteriores responsables del sector de hidrocarburos, cuando la verdad los debía ayudar a encontrar remedios para una crisis que tiende a agravarse.

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