OPINIÓN    

Persona non grata

Marcelo Chinche Calizaya



La ciudadanía indudablemente aprecia cambios medulares en el manejo y administración de la cancillería, al mando de Karen Longaric, quien diera un giro notable a las relaciones diplomáticas con México y España, ante los intentos de interferencia en asuntos internos, el mal uso de las inmunidades, privilegios y garantías diplomáticas, contempladas en la Convención de Viena de 1961. Situación que derivó en la declaratoria de “persona non grata” a la embajadora mexicana, así como a la encargada de negocios y al cónsul de España en La Paz.

Tal denominación es utilizada en el ámbito de las relaciones internacionales y pautada como un mecanismo empleado por los Estados ante posibles infracciones a leyes y reglamentos nacionales y cualquier actividad incompatible con el estatus diplomático. Posee un significado legal específico y cuyo sinónimo aduce a persona no bienvenida como consecuencia de haber lesionado principios honorables que no gustan a su anfitrión.

En el ámbito interno de una nación, generalmente no trae consecuencias jurídicas, pues tan solo da cuenta de una indicación simbólica de desagrado colectivo y es una forma de expresar incomodidad por la conducta irrespetuosa o indecorosa de tal o cual personaje, por importante que sea.

Al parecer, esto podría explicar el malestar que empieza a generar Evo Morales en la Argentina y recientemente en Chile, donde el senador Iván Moreira, de la Unión Demócrata Independiente (UDI), integrante de la coalición de centro derecha Chile Vamos -que sostiene a Sebastián Piñera-, pidió el pasado 8 de enero que Morales “sea declarado por el Gobierno persona non grata” y evitar su ingreso. Además de cuestionar su participación como anfitrión en el Foro Latinoamericano de Derechos Humanos a realizarse el 23 y 25 de enero en el Congreso de Santiago, ha sugerido que las fuerzas de seguridad procedan a su inmediata detención y arresto en suelo chileno.

El reciente suceso es apenas el inicio del progresivo repudio que va generando Morales en el plano internacional. Paulatinamente van cayendo los artilugios de hacer ver a la comunidad su condición de víctima de un golpe de Estado y que ciertamente no hubo, pues se trató de una genuina rebelión ciudadana ante el fraude cometido de este insigne huésped asilado del gobierno mexicano, que fuera en su “ayuda para rescatarlo” y abrirle un tanque de oxígeno político, para desde ahí, continuar con su plan de desestabilización, sedición y terrorismo en el país.

Tal status, además de representar un guiño hacia Nicolás Maduro y Daniel Ortega o cualquier dictador –pues López Obrador comparte esa ideología-, no solo dio por sentado su comunión con la causa del autócrata, sino que también asintió las prácticas dictatoriales de este pintoresco pseudo-socialista.

La Fiscalía General lo acusa de ordenar el asesinato de ciudadanos húngaros en 2009 en el Hotel Las Américas de Santa Cruz; de instruir el cerco de ciudades para impedir el ingreso de alimentos y combustible; de usurpar funciones al inaugurar una obra en Tarija vía celular. A ello se agrega la manipulación de instituciones para modificar la CPE (2008–2009); el desconocimiento a los resultados del 21-F y el fraude electoral del 20-O para consolidar su propio autogolpe y perpetuarse en el poder.

Razones más que suficientes para ser declarado persona non grata, aquí y en cualquier parte del mundo.

Mal pago recibió México del populista ingrato, que ni siquiera se despidió personalmente, sino a través de una escueta mención vía Twitter. Seguramente, similar suerte correrá Argentina, su nuevo centro de operaciones desde donde organiza su partido para las elecciones de mayo próximo, interviniendo cerrilmente en la política boliviana, además de seguir violando las condiciones de asilo político, ante la mirada cómplice de sus nuevos anfitriones.

El autor es MGR. Docente e investigador Universidad Mayor de San Simón - UMSS – Cbba.

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