OPINIÓN    

Cómo prevenir robos en el hogar

Cap. M.Sc. Christian Duk Escobar

La seguridad en el hogar es un asunto delicado, principalmente porque es un espacio vital del ser humano. Sea del tipo que sea, en un hogar se fraguan los vínculos más íntimos y personales, contiene lo que más amamos y deseamos proteger.

Frecuentemente, cuando hablamos de seguridad en el hogar pensamos en sistemas anti-intrusión, en mecanismos que nos prevengan de sufrir actos vandálicos, robos y otros percances procedentes principalmente del exterior, que es algo comprensible, pero que responde a una visión incompleta y necesitamos ampliar nuestra perspectiva. Es decir que para la seguridad en nuestras viviendas, debemos considerar estos aspectos:

Planificar la seguridad en el hogar: definir qué debemos proteger, en qué focalizar nuestras prioridades y cuáles son las principales amenazas durante nuestra ausencia. Ello dependerá en gran medida de nuestros hábitos cotidianos, de las condiciones estructurales de nuestra vivienda, especialmente de su contenido. Por eso las siguientes consideraciones deberían ser adaptadas a la realidad de cada hogar.

Seguridad personal: sin duda, lo más importante para proteger en un hogar son las personas que residen en él y las que lo frecuentan. Garantizar su integridad física frente a amenazas exteriores (como posibles intrusiones o actos de vandalismo), y posibles accidentes y manipulaciones indebidas de componentes peligrosos, así como su integridad moral (tomar medidas para crear un ambiente seguro y ausente de miedos) deben ser prioridades absolutas.

Niños, mayores, personas con movilidad reducida o necesitada de atenciones especiales son los principales grupos de riesgo, especialmente cuando se quedan a solas en una vivienda.

Es necesario evaluar la vivienda desde la perspectiva de un ladrón, buscar fallos de seguridad, adentro y afuera de la casa, de día y de noche.

Trabajar en conjunto con los vecinos, estar mutuamente atentos, intercambiar números de teléfonos domiciliarios, de trabajo y celulares; comunicar qué desea cada uno que haga el otro en caso de incidente. No todos tienen las mismas preferencias sobre conductas a adoptar en esas situaciones.

Asegurar ventanas: se puede recurrir a sensores de alarmas, postigos, rejas, bloqueos, si son corredizas. Asegurar puertas: si aún no tiene mirilla, poner una y asegurarse de que todos la usen; si hay un vidrio a corta distancia del picaporte, instalar un mecanismo de cierre que impida abrir la puerta si el intruso rompe el vidrio, poner bloqueos en las aberturas corredizas.

Reducir el atractivo: no dejar cosas valiosas a la vista desde el exterior; no dar oportunidades de robo pequeño, controlar el exterior, poner una luz con sensor de movimiento (ponerla alta, lejos del alcance de un intruso); eliminar arbustos u otros elementos que puedan ocultar a un intruso cerca de puertas o ventanas.

Cuando se deja la casa sola, simular que hay ocupantes, usando temporizadores automáticos que prendan y apaguen luces, TV y radio en distintas horas.

Si la ausencia será prolongada, buscar un familiar o amigo que cuide la casa, suspender diario y correo, pedir a un vecino que estacione su coche en la casa de uno; hacer que se corte el césped con periodicidad normal; reducir el volumen del timbre del teléfono.

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