OPINIÓN    

Violencia contra la mujer, un drama permanente

María Elena Paz Diez



Cuando se habla de violencia dentro de la familia, hablamos de una parte muy importante de la sociedad, y dentro de ésta se denota la violencia hacia la esposa, a las hijas o hijastras menores de edad, la misma que es especial y llamativa, por ser el tipo de agresión estadísticamente frecuente en nuestro país y en muchas partes del mundo.

Esto preocupa de manera especial al pueblo boliviano en todos sus estamentos y también a las autoridades del gobierno, a psicólogos, sociólogos, no pudiendo hacer mucho pese a que ya se tiene en vigencia la Ley contra la violencia a la mujer y la Ley de violencia familiar o doméstica. Se ha podido observar el aumento de las denuncias en diferentes departamentos del país, con respecto a la violencia mencionada.

Sin embargo, en algunos lugares, pese al conocimiento de leyes, y disposiciones legales, no se cumplen en su verdadera dimensión, con el rigor que deben ser aplicadas, de acuerdo con el tipo de violencia y gravedad que implica la infracción cometida. Se ha manifestado reiteradamente que la ley es más conciliadora entre los cónyuges, pues no se sanciona como debería ser y tampoco se le da al agresor un tratamiento psicológico clínico especializado. Es decir, no se pone freno a esa violencia familiar aplicando todos los medios que sean posibles, tanto jurídicos como tratamientos psicológicos, y el culpable sigue cometiendo la misma violencia familiar y hasta con mayor frecuencia, debido a que las leyes no han sido tan rigurosas en su aplicación.

Se tiene en vigencia la Ley 348, conocida como “Ley integral para garantizar a las mujeres una vida digna libre de violencia”, cuyo artículo 46 debe ser modificado. Una vez presentada la denuncia formal ante el Ministerio Publico, ésta no debería ser levantada, bajo ningún motivo, ni por única vez. Muchas veces se llega a conciliar, bajo acuerdo de partes y compromiso de no reincidir en hechos violentos que dieron lugar a daños físicos y morales, incluso con secuelas psicológicas. Y obligatoriamente se debería someter al agresor a un tratamiento psicológico psiquiátrico o terapia, ante riesgos de que pueda tener trastornos psicológicos.

En el área rural, por falta de conocimiento de la ley, se practica bastante la violencia. La falta de autoridades competentes para su debida aplicación, hace que sean cometidos asesinatos, torturas, maltratos, discriminaciones, violaciones y otros hechos repudiables. Todo queda muchas veces en la impunidad. Esto es lo que preocupa de gran manera, tal parece que esta manifestación se hace realidad en el país, aunque se queda generalmente en el silencio. Pero si se llega a convivir con esas personas en una determinada comunidad, se llegará a evidenciar tal situación y esto no es problema de una parte del país, es de todo el territorio nacional, de áreas urbanas y rurales y la sociedad en su conjunto.

Por otro lado, la violencia se da con mayor frecuencia contra mujeres, también contra niños, niñas, ancianos, inválidos, relegándolos a su condición de débiles, influyendo la frustración en su vida cotidiana, en vez de recibir el mayor apoyo de las personas de diferentes edades y sexo y protección rigurosa por parte singularmente de entidades del Estado, llamadas a asumir sus responsabilidades, para hacer cumplir las disposiciones legales, jurídicas.

Lo importante es tener conciencia de que somos seres humanos con los mismos derechos e igualdades y con las mismas prioridades, mencionados en la Constitución Política del Estado. Por esta razón se debe dar tratamiento a los individuos que cometen hechos de violencia. De esta manera se colaborará a formar un país del futuro con menos violencia. Es necesario erradicar este mal, logrando un avance de la democracia necesitada que tenemos en nuestro país, para el avance y desarrollo económico, social y cultural, brindando una mejor imagen de la realidad de Bolivia en su totalidad.

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