EDITORIAL    

Unidad por el bien común



Cuanta más urgencia hay en la colectividad nacional por tener la unidad de todos los habitantes, más discrepancias y divisiones surgen debido a la presencia de posiciones antagónicas que caracterizan a los llamados vencedores del proceso electoral y que hoy son gobierno. Ellos, según aparentan sentir y ver la situación, no encuentran contento alguno a su posición y tienen la creencia de que los llamados perdedores estarían en tren de contradecir al gobierno y no lo dejarían actuar. Los que no están en contra o con el gobierno que se creen posibles víctimas de conductas que en el pasado no muy lejano serán blanco de políticas y acciones contrarias a los derechos humanos.

De momento al menos no se nota diferencias por ningún lado y todo parece estar en un “mar de tranquilidad”, observando cómo se desenvuelven los comportamientos políticos, económicos y sociales; en otras palabras, ambas partes creen que, de todos modos, por la parte que sea hay contradicción con lo que se haga y a nadie se le ocurre esperar lo que sobrevenga y cómo se desenvuelven los acontecimientos y si hay las intenciones que se supone existir en una u otra parte. Lo cierto es que en ninguno de los lados se piensa y siente al bien común que es el pueblo, lo que debe interesar a los dos que se encontrarían en posiciones diferentes esperando qué hace o piensa el otro. Triste papel que juegan las partes tan solo por creer que, sea en el gobierno o lejos de él, hay que obrar diferente, distinto y no se puede conciliar posiciones en aras del bien común.

Conforme pasan los días, el pueblo –en la posición que esté – solo querría paz y concordia, que terminen la división y los antagonismos, la creencia de que de todos modos unos están contra los otros, que concluyan los tiempos de odios, venganzas y posiciones contrarias donde nadie gana y todos pierden. Un pueblo que considera que las partes son poseedoras de un mínimo de sindéresis, cordura, tino y sentido de respeto por los derechos ajenos; hay una especie de obcecación por creer siempre en posiciones de izquierda o derecha, donde casi siempre hay sentimientos que reflejan antagonismos con los otros. Falsas posiciones que demuestran escasa inteligencia y propensión a creer siempre lo malo en la otra parte, posiciones que no conciben que la buena fe de unos la tienen los otros, que los unos buscan el bien del país, como lo hacen los otros, que ambos, por ser hijos de la misma Patria, tienen los mismos derechos y que nadie es más por poder que tenga o por estar en el llano, pero que lo colocan en igualdad de condiciones.