OPINIÓN    

Vuelta al mundo

Hernán Zeballos



Parte III

Continuando el comentario sobre el interesante relato que Julio Verne nos hace vivir, con momentos interesantes en "La vuelta al mundo en 80 días", me referiré hoy a su interesante aventura en los capítulos 12 y 13, donde ahora temporalmente acompañados de un general que los acompañaba transitoriamente al dirigirse a su área de comando, iban en el cuévano instalado en la grupa del elefante que Fogg había comprado para seguir un tramo de su viaje.

"Después de dos horas de marcha, el guía detuvo el elefante y le dio una hora descanso. Tanto Fogg como Cromarty no se quejaron de esta parada, pues estaban molidos, aunque el primero parecía estar tan fresco como si acabara de salir de su cama".

De pronto el animal dio algunas señales de inquietud. Poco después el murmullo fue más perceptible, nuestros viajeros se ocultaron y luego pudieron ver que se trataba de un ceremonial religioso. Estaban conduciendo a la diosa Kali, la diosa del amor y de la muerte. Detrás de ellos algunos brahmanes arrastraban a una mujer que apenas se sostenía en pie. Esta joven era una mujer joven y blanca, como una europea.

Se trataba de una joven que quedó viuda de un jeque ya viejo, que había sido esposada a éste por ser huérfana, de condición humilde. Muerto el jeque, sería quemada junto a él, el sacrificio se realizaría al día siguiente en la mañana. La mujer parecía no oponerse y era porque la habían adormecido con zumo de cáñamo y de opio. La ceremonia se consumaría al día siguiente.

Todo el grupo decidió que había que rescatarla. Pero, era una tarea muy difícil porque había un fuerte guardia en torno al cadáver. Deciden hacerlo en la noche, esperando que los guardias se fueran a dormir. El parsi proporcionó información sobre la víctima, "era una india de célebre belleza y de raza parsi, hija de ricos comerciantes de Bombay. Había recibido en esta ciudad una educación absolutamente inglesa y por sus modales y su instrucción hubiera pasado por europea. Se llamaba Aouida". El viejo esposo murió a los tres meses, aunque ella escapó brevemente, los parientes del viejo rajá la volvieron a encontrar y la condenaron a este trágico final.

Para hacerlo breve, después de analizar algunas posibles formas de rescatar a la pobre mujer, hacen guardia toda la noche, sin poder llegar a una solución. Picaporte se puso a meditar sobre la posible forma de rescatar a la víctima, sin comentar al resto del grupo.

Al día siguiente, inmediatamente que prendieron fuego al difunto y la víctima, vieron que el viejo rajá se levantaba y sostenía en sus brazos a la joven mujer bajando de la hoguera, en medio de torbellinos de humo.

Todos los que esperaban ver arder al difunto con su esposa, estaban tendidos boca abajo sin atreverse a levantar la vista para ver semejante prodigio.

De pronto, Picaporte llegó junto a su equipo y les dijo: ¡Huyamos! Un instante después, los cuatro desparecieron por la selva, llevándolos el elefante al trote. Los raptores huían rápidamente y, en pocos momentos. se hallaban fueran del alcance de las balas y las flechas.

A partir de esta victoria, Aouida acompañó al equipo, Fogg le dio en todo el tiempo que ella los acompaño un trato considerado y deferente, lo cual significó al final un cambio inesperado en la vida de éste.

Después de esta aventura tomaron un tren que los condujo hasta Benarés, allí se quedó Sir Francis Cromarty. Desde Benarés la vía férrea seguía en parte en el valle de Ganges y luego de noche el tren pasó a toda velocidad, por Bengala, Golconda, Gour, y Chandemagor.

Llegados a Bombay y controlado el tiempo de viaje, 23 días después de haber salido de Londres llegaban el día fijado.

Pero el incidente de haber rescatado a Aouida de la muerte, cambió al final la vida de Phileas Fogg, a lo cual me referiré en la próxima semana.

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