EDITORIAL    

Honduras, obispos denuncian grave crisis humanitaria

La Conferencia Episcopal hondureña, frente al grave drama que vive la población y que da lugar al éxodo hacia países vecinos en pos de mejores condiciones de vida, ha expresado: “una crisis humanitaria en Honduras no es nueva, la venimos padeciendo desde hace años; hemos sido sordos ante los gritos de abusos y violación a sus derechos en su trayecto y hemos sido ciegos para ver esa realidad, hemos preferido alegrarnos por la llegada de remesas como una solución a los problemas internos”. Destacan que “lo novedoso de la caravana migratoria en la forma masiva de miles de personas, en su mayoría jóvenes, que van con la esperanza de obtener recursos suficientes para transformar a Honduras. No es hora de culpar a personas o a partidos políticos ni al gobierno de turno. Eso sería mirar de manera superficial el problema, la responsabilidad es común” (ED 21/X/18).

La situación hondureña se ha tornado grave en los últimos tiempos y es semejante a la vivida por la mayoría de los países del Cuarto y Tercer Mundo que, viviendo en grados de extrema pobreza, unos, y en pobreza crónica, otros, no alcanzan a cubrir sus necesidades con la escasa producción de alimentos y provisión de artículos de uso; no pueden vencer al subdesarrollo porque no logran el entendimiento de los países ricos para que creen riqueza en los países pobres y lo hagan hasta en propio beneficio porque los pobres, con capital financiero y tecnología y transferencia de valores humanos, podrían alcanzar altos índices de desarrollo que generen riqueza a ser compartida con los inversionistas. Esta es la realidad que vive Honduras y que es similar a lo que ocurre en muchísimos países del orbe.

La crisis humanitaria, según los obispos, no es culpa de nadie; es, en todo caso, “obra y gracia” de todos los que se han conformado con recibir ayudas y donaciones, que han aceptado -al igual que todos los países pobres- programas de cooperación con los excedentes que han generado los ricos para países pobres que no han sabido encarar la solución de sus problemas con el propio esfuerzo, trabajo, dedicación y disciplina, teniendo en cuenta que, para todo ello, debieron adoptar medidas para educarse y formarse en valores y principios que los haga capaces de triunfar sobre grados extremos de pobreza y subdesarrollo.

La crisis no solamente es de alimentos, vivienda, medicamentos y todo tipo de materiales y artículos necesarios para la vida, sino, muy especialmente, de tener conciencia de país para encarar los problemas y superar una crisis que se hace lacerante. La crisis humanitaria puede ser vencida, en Honduras y otros países pobres del mundo, con el esfuerzo de todos y a los que la Iglesia, conjuntamente otros credos, puede coadyuvar, especialmente si se reconoce cuán poco o nada se hizo en el pasado para enfrentar y solucionar los problemas, que por igual, afectan a todos los pobres y comprometen a futuras generaciones.

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