EDITORIAL    

Crece el tsunami de bloqueos y marchas



Al contrario de todo lo que se pudiera esperar, los bloqueos, marchas y paros de trabajadores por las arterias principales de La Paz y capitales del interior siguen creciendo, en cantidad y calidad, hasta llegar a extremos que permiten pronosticar que podrían alcanzar niveles insospechados.

Pero el problema va adquiriendo tal magnitud que ha sobrepasado todo intento de control por parte de los policías y cuerpos de seguridad, que tuvieron que adoptar la política de dejar hacer y dejar pasar, creando así un estado de cosas que bordea en la anarquía general.

Las gigantescas olas de acciones sociales y problemas callejeros que claman la atención del gobierno, ya no son periódicos sino espectáculo de cada día y los protagonizan en una sola jornada, ya no una sola organización o grupo social, sino varios de ellos, como si se hubiesen puesto de acuerdo para enloquecer a la población y amenazar con tomar la plaza Murillo para atacar el Palacio de Gobierno.

Es más, ahora los bloqueos y marchas se producen en horas de la noche, lo cual prolonga la intranquilidad de la ciudadanía. Más aún, los bloqueadores utilizan tácticas y procedimientos más radicales que paralizan toda actividad en los centros administrativos y políticos de las capitales y en especial de la ciudad de La Paz, con alarmantes estallidos de cargas de dinamita y petardos. El fermento público ha alcanzado un grado tan sintomático que se producen inclusive marchas de niños escolares que desean ingresar a la plaza Murillo para hacer conocer sus inquietudes, actitudes ante las cuales los policías vacilan en el cumplimiento de actos represivos y se ven imposibilitados de encarar la crítica situación.

Lo que más llama la atención es que estas manifestaciones de malestar popular y de acciones de masas de organismos laborales y otros, crecen en intensidad en años recientes, lo cual demuestra objetivamente que las causas que los originan no solo han sido mantenidos sino que se han agravado, tomando en cuenta que estos procedimientos sociales son efecto de causas más profundas que no se quiere ver en las esferas de la burocracia insensible y satisfecha del gobierno, que al parecer carece de visión para atender la cuestión con eficacia y responsabilidad.

En realidad, en los 14 años de gobierno del MAS se pudo haber resuelto este problema, pero poco o nada se ha hecho al respecto, sino más bien se lo ha agravado.

De otro lado, pareciera que estos movimientos sociales serían solo una especie de entrenamiento para acciones masivas de mayor magnitud, que pueden producir estallidos mayores en cualquier momento. Se observa a diario tales síntomas y podrían culminar en una asonada de grandes alcances que llegue a soluciones radicales.

La crisis social y económica que registra el país se expresa en hechos y son efectos de causas fáciles de reconocer, como, por ejemplo, el desconocer la voluntad popular expresada en el referéndum del 21 de febrero de 2016, la decisión arbitraria del Tribunal Constitucional para aceptar a los candidatos del oficialismo, la violación a la Constitución, la corrupción, las amenazas a las libertades de prensa, opinión, etc.