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Feliz Año Evo

Paulovich



Resulta muy difícil desear a todos mis lectores un Año Nuevo feliz cuando sé que tal deseo solo provocará una escéptica sonrisa al iniciarse un ciclo anual cargado de pesimismo en la mayoría de nuestra población.

Una muestra de mi estado de ánimo es la resultante de mi charla sostenida con mi corresponsal en el Palacio Real de la plaza Murillo, quien en vista de mi buen deseo de felicidad para ella y su familia no pudo reprimir un gesto de duda ante las perspectivas que muestra el año que comienza mañana.

Sin embargo, como no puede evitar su condición de funcionaria palaciega, quiso mostrarme los datos oficiales que elaboraron los colaboradores de Evo, sumados a los elaborados por los “yunkus” que rodean al Presidente Vitalicio, que rechacé con firmeza, pues todos pasan por el tamiz del Ministerio de Comunicaciones y no merecen mi confianza.

En efecto, el panorama del país no puede ser más desolador, con una huelga de médicos que cumple ya treinta y nueve días, a la que se sumaron otros profesionales, la Universidad Mayor de San Andrés y la COB para solicitar la abrogación del Código Penal recientemente promulgado por el Presidente, quien no contó con el tiempo para leer dicho documento, pues tuvo que viajar al extranjero y también continuar con su campaña electoral entregando obras por todas la ciudades y pueblos de Bolivia.

Entonces acudió a mi caletre la idea salvadora de lanzar a todos mis amigos y conocidos la frase de “Feliz Año Evo”, sustituyendo a la clásica fórmula de “Feliz Año Nuevo”, ya que el año que viene solo augura felicidad, riqueza y porvenir al primer mandatario dueño del poder, de la riqueza del Estado, además de ser propietario de algunas tierras del Chapare. “Feliz Año Evo”, porque así evitamos el burlarnos de quienes recibirán el 2018 como año venturoso, cuando todo indica que nuestros saldos de la gestión que termina están en rojo, porque la mano benefactora de Evo no ha podido sobrepasar al número de sus allegados políticos.

Entre los favorecidos durante el año que se va no podemos menos que felicitar a doña Nemesia Achacollo y a todos sus compañeros que dilapidaron los dineros del Fondo Indígena, aunque tengo el “tinkazo” de que ese fondo fue creado para ser repartido graciosamente.

Al filo del Año Nuevo llamé nuevamente a mi discípula periodística para decirle “Feliz Año Evo”, algo que la cholita agradeció, compartiendo conmigo que Evo es el único que tiene la felicidad asegurada para el año 2018, mientras que los diez millones de ciudadanos de este país gritaremos esperanzados a las doce de la noche… ¡Dios salve a Bolivia!

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