EDITORIAL    

Mala política: aumentar gastos y reducir ingresos



En concordancia con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo anota que nuestro país aumentó sus gastos corrientes y redujo sus ingresos fiscales así como su gasto capital entre 2017 y 2018. El informe macroeconómico sobre este año, 2019, señala que “el gasto corriente pasa el 1 por ciento del PIB mientras que el gasto Capital presenta un porcentaje negativo. Por su parte, los ingresos fiscales son menores al uno por ciento respecto al porcentaje del PIB, un balance primario del casi cero”.

Muchas veces se ha sostenido en el país que el gobierno debe adoptar medidas para reducir sus gastos que son de tiempos de auge, cuando la crisis se ha encargado de que se cuente con menos ingresos. Los analistas del BID sostienen, como ejemplo, que Ecuador tiene un gasto corriente por encima del 2 por ciento respecto al PIB, pero sus ingresos superan el 3 por ciento.

Por su parte, el gobierno anunció “una inversión pública aproximada de 5 mil millones de dólares, siendo el mayor presupuesto destinado al sector productivo, seguido por infraestructura y, como tercero, en lo social”. Sin anunciar en qué se invertiría ese total de dinero; esta situación que ignora datos da lugar a preguntar: ¿En qué se invertirá ese porcentaje, por ejemplo, en el campo productivo?, ¿y cómo será en el campo social? Es necesario, pues, que para cada rubro haya la suficiente información pormenorizada; de otro modo todo queda en la nebulosa de los planes y al propio gobierno le conviene que todo se conozca con el mayor detalle y, por supuesto, que realmente se cumpla lo expresado. Lo mismo reza para los presupuestos fijados para infraestructura y lo que se piensa hacer para el campo social (ED 16-4-19).

Muchas veces se ha sostenido que la base económico-financiera para el gobierno es mostrar austeridad en los gastos; gastar lo menos en personal cuyo número ha sido aumentado en exceso -y, para ejemplo, baste ver el caso Huanuni en que se aumentó de 700 trabajadores a mucho más de 4.500 y, lo más raro, con una producción similar-. El problema adquiere dimensiones graves si se mantiene estas políticas de gastar más y producir menos, que es el resultado logrado al menos en los últimos años.

Es de conveniencia que el gobierno adopte las medidas más prácticas y realistas en su política económica: gastar menos y producir más y, si lo último no es posible, especialmente por las menores ventas y producción, compensar todo con menores gastos, que el pueblo tiene la certeza que se encuentran en los viajes, gastos excesivos que no tienen razón de ser y que significan solamente incrementar los gastos, muchas veces a costa de préstamos y uso de las reservas internacionales netas.

El gobierno, si quiere, puede y debe adoptar medidas para hacer frente a la crisis que, de momento, no da señales de solucionarse prontamente.

MÁS TITULARES DE EDITORIAL