OPINIÓN    

I

Entre un mundo que cambia y otro que bosteza

Antonio Pulido



Tengas un empleo fijo, seas autónomo, trabajes por libre a tiempo parcial, estés en paro o formándote para iniciar o reconducir tu vida laboral, debes prepararte para un cambio radical en el mundo del trabajo. Te pueden gustar más o menos los robots, la Inteligencia Artificial o los nuevos tipos de empresas de un mundo en profunda transformación... pero vas a convivir con ellos.

Vive atento y no te duermas o esperes que lleguen las consecuencias del “tsunami” tecnológico, como hacen algunos. Con una variante temporal y de tipo de desafíos, resultan descriptivos los versos de Machado: “Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza”.

Sólo por el impacto de los robots industriales se estima que cada nuevo robot ha remplazado a 3-4 trabajadores, como promedio de seis grandes países europeos (Alemania, España, Finlandia, Francia, Italia y Suecia) durante el periodo 1995-2007, según un documento de trabajo recién publicado por el think-tank europeo Bruegel (http://http://bruegel.org/2018/06/robots-ict-and-eu-employment/?utm_content=buffer7af49&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer+(bruegel)

Incluso algunos estudios sugieren que del orden del 50% de los trabajos actuales serán automatizados, parcial o totalmente, durante los próximos años. Otros apuntan que el potencial de automatización afecta como una “amenaza aguda” a más del 70% de las 207 profesiones analizadas (Fray y Osborne, 2017).

Un informe de Credit Suisse Research Institute, AI&The FutureWork, enero 2019, cuya pista debo a @JMiguelRoca (http://www.informeticplus.com/informe-ai-the-future-of-work-credit-suisse-research-institute) apunta que, entre 1992 y 2015, la pérdida de empleos ha sido especialmente dura para las ocupaciones con menor formación y bajos salarios (trabajadores del campo, operadores de planta, administrativos de entrada de datos, asistentes de ventas...) con caídas de hasta un 5% en España. Por el contrario, la incidencia es reducida en trabajos de servicios personales poco especializados e incluso hay creación neta de empleos por encima del 10% en el quintil más elevado de directivos y profesionales altamente cualificados.

Según su dictamen: “Big data y los avances en el proceso de cálculo han desencadenado una revolución tecnológica que puede tener gran impacto en el entorno laboral y en el mercado de trabajo. Máquinas y robots están mejorando rápidamente su capacidad a través de la IA e innovaciones de diseño y estructura. Asistentes digitales organizan programas, planifican viajes y proporcionan respuesta a muchas cuestiones de todo tipo de personas” (e incluyen una referencia especial a los coches autónomos).

Reconocen que hay tecnologías “reemplazadoras” del trabajo humano, pero argumentan que el efecto desplazamiento puede verse compensado por un efecto productividad: incremento de puestos de trabajo en sectores que se desarrollan como resultado del progreso tecnológico o por avances en tecnologías “posibilitantes”, que abren nuevos caminos y/o potencian la eficiencia de las instituciones.

Hace ya cuatro años dediqué un post a la importancia de los efectos transformadores a los que se enfrentaba el mundo del trabajo y algunas de aquellas reflexiones creo que tienen plena vigencia (En busca del Arca Perdida... del trabajo, 17/2/2015). Entresaco algunas cuestiones que comentaba:

Hacía ya 20 años que un economista norteamericano, Jeremy Rifkin, Había publicado su libro “El fin del trabajo” que llevaba como subtítulo, en la edición inglesa, “El declive de la fuerza del trabajo global y el inicio de la era post- mercado”. Su conclusión era que las innovaciones tecnológicas y las fuerzas del mercado nos estaban llevando, ya hacía dos décadas, al borde de un mundo carente de trabajo para todos.

Parecía bastante admisible que las nuevas tecnologías terminarían dejando un saldo negativo entre el número de puestos que crean y destruyen. Después de todo, la innovación tecnológica ha permitido, a lo largo de la historia, vivir a la humanidad con menos cantidad de trabajo. El problema no es que se pueda cada día vivir trabajando menos; la real amenaza es cómo se realiza la distribución del trabajo y quiénes son ganadores y perdedores, a escala mundial, sectorial y según las características formativas o personales de los empleos finalmente disponibles.

Había ya algunas tendencias que parecían claras en una visión de largo plazo. Los nuevos empleos se los va a encontrar más fácilmente en servicios que en actividades manufactureras; un mayor nivel educativo aumenta la probabilidad de encontrar empleo; la movilidad y flexibilidad laboral ganan fuerza respecto al trabajo estable y permanente.

A título de ejemplo, un conocido pensador sobre temas de futuro, Thomas Frey, en su libro “Communication with the future” avisaba que para el año 2030 pueden haber desaparecido en el mundo 2.000 millones de puestos de trabajo “formales”, aproximadamente el 50% de los puestos actuales.

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