OPINIÓN    

Por amor a la Patria

Jorge Roberto Marquez Meruvia



“Por amor a la Patria” es un muy interesante libro de Maurizio Viroli, en el cual nos explica las diferencias que existen entre patriotismo y nacionalismo. Estos conceptos suelen ser confundidos y pensamos que ambos son o explican lo mismo. Según el autor, muchos de nosotros tenemos una visión errada de sus significados, la confusión al respecto tuvo odiosos resultados, podemos mencionar, sin ir muy lejos, el fascismo en todas sus formas.

A grandes rasgos, podemos mencionar que las diferencias existentes entre ambos conceptos son: el mayor interés del patriotismo es el resguardo y aprecio de las instituciones y la defensa irrestricta de la defensa de la libertad de las personas; en cambio, el nacionalismo tiene como base la creación de la homogeneidad cultural, donde la lengua y lo étnico cobra relevancia. El patriotismo es una expresión de amor y generosidad con el propio país. El nacionalismo pide y obliga a tener una lealtad incondicional y exclusiva.

El patriotismo es un amor racional, donde la virtud cívica es altamente necesaria, convirtiéndose en la base para preservar el orden público y la ley, siendo requisitos indispensables para la existencia de nuestra libertad. El nacionalismo es exclusivista, intolerante e irracional, centraliza todo bajo la excusa de la unidad y se da la tarea de someter a todos los que piensan diferente. En nuestro país podemos colocar ejemplos que nos ayuden a entender estas diferencias.

Para comprender el patriotismo en nuestra historia es necesario revisar la obra de Miguel Roca en “Ni con Lima ni con Buenos Aires”, nos da conocer su tesis de que las republiquetas que se encontraban en el territorio de la Real Audiencia de Charcas tenían un arraigo muy grande no solamente con el territorio, sino también con hábitos y costumbres compartidas independientemente de las diferencias existentes entre ellas. Fue así que el gran Casimiro Olañeta fue el eje articulador entre ellos, para la creación de Bolivia. Podemos mencionar que una icónica victoria de los patriotas se llevó a cabo el 18 de noviembre de 1841 en la batalla de Ingavi, donde a pesar de los conflictos internos y de las diferencias entre las regiones de aquel entonces, todos fueron a la defensa de la Patria.

Sobre nuestra etapa nacionalista, debemos referirnos a la revolución de abril de 1952 que tiene como principal protagonista a la élite del Movimiento Nacionalista Revolucionario de aquel entonces. A la cabeza de Víctor Paz Estenssoro, Hernando Siles Zuazo, Juan Lechín Oquendo, Walter Guevara Arze, entre otros de una larga pléyade movimientista, con intelectuales que en su momento abrazaron las banderas de la revolución. La revolución nacional tenía como objetivo la homogenización de la cultura, la creación del mestizaje (étnico) fue el enclave para hablar de la alianza de clases y donde el español se convierte en el idioma franco, pese a las demás lenguas existentes en el territorio. Para imponer sus ideas en todo el proceso revolucionario, acabaron con toda crítica y discrepancias mediante los campos de concentración instaurados por el régimen, siendo uno de los más conocidos el de Curahuara de Carangas y la masacre perpetrada en Terebinto.

En nombre de nación y patriotismo, la humanidad ha cometido todo tipo de atrocidades que podríamos imaginar. Lo último que hemos observado con disgusto fue la interpretación de “Mi Mar” por parte de la exdirectora de la Orquesta Sinfónica Nacional, Roxana Piza. Ella se escudó bajo estos dos términos para tratar de defender su atolondrado accionar.

La lección que debemos aprender es que más allá de las derrotas y añoranzas que podemos tener sobre lo que nos sucedió en nuestra historia, debemos tener la capacidad de mirar adelante y avanzar por mejores días y dejar de lado la actitud de plañidera que no nos deja salir de nuestro espacio de confort.

El autor es politólogo.

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