OPINIÓN    

Un boliviano excepcional

Carlos G. Maldonado



Vicente Justino Quispe Chura se destacó por su trabajo y entrega a un ideal, siendo capaz de hacer cosas de forma extraordinaria.

En julio de 1952, el prof. Earl C. Merrick, pedagogo canadiense, escribió el libro “El niño de los andes”, basado en la niñez de Vicente, a quien cariñosamente llama “Paco”. Tal obra fue publicada en Toronto (Canadá) para incentivar la obra misionera de aquellos en Bolivia y revelar las injusticias de una sociedad que mantenía a los indígenas en la extrema pobreza, sin reconocerles derecho alguno.

“…el frío no distraía la atención de Paco al observar la tranquilidad del lago mientras recordaba las palabras que escuchaba en la iglesia cuando hablaban de Jesús y los pescadores…”, señala el escritor en su libro. Vicente a sus 13 años fue enviado al colegio Archivald Rekkie en Oruro para reforzar sus conocimientos, pues demostraba particular entusiasmo por el estudio y la música. Un año después retornó a su pueblo con reconocimiento de honor por el nivel de aprendizaje logrado, así como por haber sido el único indígena en su salón.

Reconociendo el ánimo que demostraba por el servicio social, los misioneros decidieron contratarlo como Profesor en Llamacachi en 1944. El deporte fue un inteligente artífice de asociación comunal que utilizó Vicente para acercarse a las comunidades vecinas.

En 1951, los misioneros reconocieron la necesidad de contar nuevamente con Quispe para su misión, por lo que decidieron llamarlo para que estudie en Cochabamba. Ingresó al Seminario Teológico Bautista. Mientras estudiaba, descubrió los tesoros que brindan las sagradas escrituras; entonces tomó gran interés por traducir las buenas nuevas del castellano al aymara, “Machak Testamento – Diosan Arucanacap”, como resultado de valiosas participaciones que asumió junto a sus compañeros del Seminario e iniciar al mismo tiempo campañas de evangelización en distintas regiones de Cochabamba.

Al retornar a La Paz organizó la presentación de un coro con 36 voces. Las melodías de su acordeón dirigían una nueva forma de alabanza al Creador en lengua aymara, por primera vez en Bolivia. Como orientador y guía, cinco comunidades fueron reconciliadas gracias al esfuerzo de Vicente, quien, mediante una prédica muy sentida, logró quebrantar los ánimos de odio en sus hermanos, enfrentados por efecto de la distribución de tierras debido a la Reforma Agraria de 1952.

La prédica de Vicente logró unir a la población provincial presente en un gran cabildo, que finalmente entre lágrimas y palabras de perdón decidió atender el emplazamiento del mismo para marchar juntos como un nuevo pueblo.

A mediados de 1958 se instaló en Radio “la Cruz del Sur” en Villa Dolores, ubicada al pie del Corazón de Jesús; Vicente llegó al corazón de mucho público oyente, acompañando sus mensajes con bellas melodías de acordeón y piano.

Fue el primero en transmitir por radio las buenas nuevas en aymara, y también en dramatizar las escrituras sagradas, dando luz a Radio Novelas y otros programas sociales de espíritu cristiano. Pero no se limitó a su labor de orientador y preceptor; desde su domicilio, en la zona 16 de Julio de El Alto, llevó adelante un proyecto de cooperación para madres de familia a fin de capacitarlas para que logren sus propios ingresos.

El trabajo consistía en elaborar bayetas de la tierra y artesanía en general con figuras representativas del arte andino, para luego ser comercializadas en el exterior; al mismo tiempo, coordinó con Caritas boliviana a fin de conseguir ayuda para la gente pobre, distribuyendo víveres a las personas más necesitadas, estableciendo incluso el desayuno escolar para la Escuela “Carlos Meneses”.

Hoy la casa donde vivió Vicente sigue al servicio de la sociedad, brindando sus espacios a la cooperación y asistencia social para personas que lo necesiten (es el actual Centro “Gregoria Apaza” de la ciudad de El Alto).

Es el resumen de quien tradujo la Biblia al aymara, así como libros litúrgicos, el misal, textos deuterocanónigos, libros de celebraciones rituales y festivas; recibiendo del Papa Francisco la condecoración “Pro Ecclesia et Pontífice”, quien dijo que Vicente fue el mejor apoyo a las comunidades indígenas para acercarlos al Evangelio en su lengua materna.

Poco antes de su partida final, el notable lingüista Vicente Quispe dijo: “cuando veo a mi comunidad, a lectores y catequistas usar mis textos traducidos me convenzo de que valió la pena”.

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