OPINIÓN    

Felicidad versus la riqueza y el poder del Presidente

Jorge Santistevan Justiniano



“El mundo nos devuelve lo que depositemos en él...”.- Orison Swettt.

Al respecto, las personas buscan tres cosas, de manera general: salud, dinero y amor o, dicho de otro modo, salud, riqueza y felicidad, como diría Camilo Cruz. Desafortunadamente, hoy la aspiración de mayor interés es la riqueza, porque todos nos esforzamos para mejorar nuestras condiciones de vida. Pero lo cierto es que si vas detrás de ella, es imposible hallarla, porque no es cuestión de asediarla sin integridad, sin rectitud, ni generosidad, ya que la misma no sirve ni llena el vacío de los seres humanos sin la felicidad.

Hoy todo está trastocado; políticos que compiten con el cinismo, la mentira, el odio y ni qué decir de sus actos públicos, con escándalos sexuales y de corrupción. Ahí está el error de todos, no solo de la clase política, sino de la misma sociedad que se deja arrastrar por el mal ejemplo, porque nuestro error está en lo mediático y lo transitorio, todos hacemos algo para recibir y retener, no para entregar.

Quienes hoy detentan el poder se equivocan de camino, pensando que atesoran riquezas para asegurarse un mejor estilo de vida, pero, por el contrario, están labrando su infelicidad futura. Nada quedará en la impunidad, porque así como el primer mandatario maneja las leyes enderezando lo torcido, así también procederán los que vengan para acomodarlos en los reclusorios. El presidente Morales pudo haber pasado a ser el hombre más grande de la historia, por sus cualidades campesinas, sus luchas y logros hasta llegar al poder, sin haberse apartado de los principios ético-morales, según el Art. 8 de la CPE (No seas flojo, no seas mentiroso, no seas ladrón), pero hizo exactamente todo lo contrario y hoy, producto de ello, entramos a una crisis política, crisis social y ya se aproxima la crisis económica, por los altos índices de endeudamiento, entre otras cosas.

Por eso se debe insistir en que aquellos que gobiernen al Estado boliviano deben ser personas intelectuales, pero no intelectuales que finjan, porque es diferente “ser, antes que parecer”. El intelectual que finge es simplemente un político mediocre, burocrático, egoísta, innoble e inmoral, es simplemente un oportunista; ese tipo de hombre tampoco le sirve al país. Hablan de un proceso de liberación, una vil falacia para mantener el sometimiento mental de los campesinos.

Ideal hubiera sido que el presidente Evo Morales entregue la banda presidencial a otro gobernante, en paz, en armonía, con la satisfacción del deber cumplido y recibir del pueblo el premio de su aprecio por los servicios prestados a la nación, por su esfuerzo y el fiel cumplimiento de un deber ciudadano para con los demás. El presidente se sentiría satisfecho por ser útil, por mejorar la situación del país, por hacer que haya menos hambre, menos preocupaciones, menos inseguridades y aliviando las penas con su esfuerzo.

Hubiera querido en cada aparición pública escuchar a este presidente campesino con palabras de aliento, de trato amable, con sentimientos de amistad, afecto y amor. Ver a un presidente sencillo, que irradie atracción hacia él y sea inspiración de paz entre nosotros. Pero hace todo lo contrario, porque sencillamente no tiene visión ni ideales, es decir nada valora, sino el poder y la riqueza.

El autor es abogado y profesor universitario.

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