NACIONAL    

Fundación Jubileo

Deforestación agudiza escasez de agua para consumo humano

• Estudio sostiene que la crisis hídrica afecta a varias regiones y poblados del país. Parte del problema tiene su raíz en la disminución de los bosques por extrema explotación maderera, descontrolados chaqueos y asentamientos ilegales



Las industrias contaminantes, la expansión de tierras para la agroindustria con uso de agroquímicos, los excesivos cultivos de coca que degradan los suelos, la extrema explotación maderera y los descontrolados chaqueos representan algunas de las actividades con fines comerciales más agresivas con las cuales se ha contribuido al desequilibrio ambiental en Bolivia. El efecto de estas acciones se manifestó en la ausencia de lluvias y, consecuentemente, en la escasez de agua.

Un estudio de la Fundación Jubileo sostiene que la crisis hídrica afecta a varias regiones y poblados del país. Parte del problema tiene su raíz en la disminución de los bosques. Los árboles son más antiguos que la humanidad. Aportan a la naturaleza reteniendo el carbono y liberando el oxígeno, y canalizan la formación de nubes que a través de las lluvias permiten la provisión de agua para el consumo humano.

La cordillera real fue deforestada largamente desde la colonia. Se hicieron planes de recuperación en Colombia y Ecuador. En Bolivia, a pesar de algunos esfuerzos por la reforestación, la tala y quema continúan siendo intensas.

El especialista en procesos hidrológicos, Roger Carvajal, explicó que los árboles extraen agua del suelo a través de sus raíces, las transportan a sus hojas para luego evaporarse con la luz solar y ascienden a la atmósfera donde se forman nubes, para luego precipitarse en lluvias. A través de este proceso, los árboles generan agua para el consumo humano.

En este proceso, los bosques cumplen la tarea de movilizar y arrastrar estas aguas a través del viento, en un viaje desde los mares hasta las cordilleras y a otras zonas geográficas.

Francesco Zaratti, físico, ambientalista, señala acerca del medio ambiente que “su destrucción tiene origen en la desmesurada deforestación para habilitar grandes extensiones agroindustriales, en la irracional explotación maderera, en la agricultura migratoria, en el avance de la colonización, en los asentamientos caóticos, en las zonas de los yacimientos petrolíferos, en el sobrepastoreo y el monocultivo”.

Desde su compromiso católico, hace eco de la preocupación de la Iglesia ante los problemas ecológicos y la escasez del agua, recurso imprescindible para la vida, bien común y universal, amenazado por la actividad humana.

El investigador del Instituto de Hidrología de la UMSA, José Luis Montaño, sostiene que el cambio del clima no es una novedad, es una manifestación de la naturaleza desde hace miles de años.

En la era del imperio tiwanacota ya se presentaban variantes en el clima. Tiempo después, datos históricos muestran que entre los años 1300 y 1400 se produjo una sequía centenaria.

Afirma que no todo se debe atribuir al cambio climático; sin embargo, conocer, en este caso, el ciclo hidrológico es trascendental para lograr una incidencia en decisiones públicas y en el comportamiento de las personas.

Carvajal y Montaño coinciden en que se debe concentrar más atención en el tema del conocimiento sobre el valor de la naturaleza, así se comprendería la importancia de la Amazonia en Bolivia.

El Tipnis es uno de los principales proveedores de agua para La Paz y Cochabamba. Es el lugar donde geográficamente se concentran las mayores precipitaciones pluviales, las que alimentan de agua a los Andes, señala Carvajal.

“Deforestar este lugar ocasionaría que no se cumplan los ciclos pequeños que se dan en los bosques, donde realizan un proceso de bombeo, es decir, extraen el agua del suelo, para que luego vuelva a precipitarse, este bombeo no está sucediendo en algunas zonas”.

Factores como la migración tornan vulnerables los ecosistemas, el aumento de la población urbana es significativo tomando en cuenta que en 1950 la población rural era mayor que la citadina.

Bolivia es uno de los seis países que más agua dulce tiene en el mundo y una de las naciones con mayor huella hídrica por habitante en el planeta (mal uso y contaminación).

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