EDITORIAL    

Indignación ante ola de corrupción



Denuncias de corrupción en esferas del Estado Plurinacional, hechos de violencia por parte de policías y militares, actos delictivos de obreros mineros, irregularidades financieras en cooperativas y otras manifestaciones de inmoralidad, hacen considerar que algo huele mal en el país.

Esos actos de carácter epidémico, que empezaron en forma virulenta hace unos quince años, ocasionaron tanto la indignación de la población, como anuncios de limpieza de parte de autoridades del Estado. Naturalmente, la opinión pública pensó que la dolencia podría ser frenada y desaparecer. Pero, contra todo pronóstico, el mal crece en nivel exponencial, hasta producir alarma colectiva.

Es más, en vez de que esa ola delictiva disminuya, sigue creciendo y amenaza devorar al Estado y la misma sociedad, obligando a preguntar ¿cuál puede ser la causa que produce esos efectos deletéreos en la vida nacional?

En años anteriores se produjeron el caso Zapata-CAMC, el asunto Quiborax, el affaire del Fondo Indígena, el problema de las barcazas chinas, el escabroso tema del Banco de la Unión, por citar los más resonantes. A esos sucesos se agregaron los bochornosos episodios del hotel América de Santa Cruz, el desborde social en Chaparina, la muerte de un estudiante de la UPEA, la tragedia del subsecretario del Ministerio de Gobierno en Caracollo, las muertes en Huanuni, etc.

Cuando parecía que ese alud de tragedias podría finalizar, la opinión pública se asombra al ver producirse nuevas olas delictivas de mayor magnitud en los Órganos Judicial y Legislativo, situación calificada por autoridades de Estado como de “putrefacción”, etc., advertencias oficiales que, sin embargo, nunca llegaron a soluciones.

Esa crisis moral superó toda imaginación en medios policiales, con los casos de los postulantes a Anapol y Esbapol; la contratación de medios y de laboratorios de análisis médicos; el pedido de dinero a más de 350 postulantes que pagaron elevados sobornos para ser aceptados en la entidad académica; cobros irregulares de alto monto al militarizarse puestos de avanzada contra el contrabando.

Por otro lado, fueron detenidos varios policías por la muerte de dos ciudadanos chilenos y un deplorable episodio fue protagonizado por ocho policías en Rurrenabaque, sindicados de violar a una ciudadana brasileña, siendo un conjunto de hechos que obligan a sacar conclusiones y así identificar el origen del mal. En conclusión, hay una monstruosa situación de decadencia general, cubierta con palabras de estabilidad, progreso y orden.

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