EDITORIAL    

Mayor deforestación para más agrocombustibles



Pese a las protestas y rechazo por parte de la comunidad para no utilizar los agrocombustibles -mezcla de alcohol con gasolina- aprobado por el gobierno con miras a reemplazar, por lo menos en parte las deficiencias en la provisión de gasolina especial, se ha decidido que no solamente tendrá vigencia para su venta en todo el país de los etanoles 91 y 92 y poner en el mercado el “súper etanol 97”. Para ello, se ha dispuesto que sean deforestadas 400 mil nuevas hectáreas, que serán utilizadas en la siguiente forma: 150 mil hectáreas para cultivar caña de azúcar y 250 mil hectáreas para siembra de soya. Una medida que implica mayores riesgos para automotores que, según entendidos, tiene consecuencias que determinarán menor duración de los motores y la necesidad de repuestos para adaptarlos al uso del nuevo combustible.

Al respecto, según Global Forest Waych, “Bolivia alcanzó una deforestación de 463 mil hectáreas y, la Autoridad de Bosques y Tierras informó que solo fue de 226 mil hectáreas”. Por su parte, Probioma (Productividad Biósfera Medio Ambiente) informó que “Bolivia ya deforestó 3,2 millones de hectáreas a la fecha y como dato señaló que en 2006 los bosques representaban 47 millones de hectáreas, pero a 2017 la cifra bajó a 43 millones de hectáreas. En promedio la deforestación alcanza a 250 mil hectáreas por año, y por ende con la ampliación agrícola, ésta continuará en aumento, debido a que se destinará tierras para la producción de agrocombustibles”.

La deforestación acarreará “impactos negativos para la región, como ser sequías, lluvias torrenciales, además de una serie de plagas y enfermedades, ya que los bosques no solo cumplen la función de brindar aire sino que son controladores de plagas”. De acuerdo con Probioma, “en 1975 los bosques alcanzaron a 535 millones de hectáreas y entre esta fecha y 1990 la cifra bajó a 50,5 millones y a partir del 2000 la tendencia muestra cifras a la baja”. Por su parte la FAO establece que la “deforestación en Bolivia alcanza a 400 metros cúbicos per cápita al año”.

El problema es grave si se tiene en cuenta que al parecer interesa más la provisión de combustibles que la conservación de la naturaleza, con la preservación de bosques y evitando que la deforestación complote contra el medio ambiente. Que el uso de agrocombustibles no signifique atentados contra la salud de la población y una mayor erogación de dineros que podrían ser destinados a obras sociales, como en salud y educación. No puede ser que la provisión de combustibles tenga prioridad sobre la vida de las personas y, además, que la economía en vez de servir al ser humano esté destinada más al logro de réditos financieros. Lo correcto, en todo caso, es que se evite nueva deforestación, hasta establecer que los agrocombustibles no sean dañinos para el ser humano.