EDITORIAL    

Corrupción y narcotráfico a la orden del día



Casi a diario los medios registran nuevos casos de corrupción y narcotráfico, agudo problema que no parece preocupar al Gobierno en la misma intensidad, siendo los partes desde el exterior que recién despiertan su atención. Los clanes Candia-Castedo y otros en el Beni y los más de 300 kilogramos de cocaína secuestrados en Paraguay, y transmitido desde ese país, destaparon el inmenso comercio de droga a cargo de clanes del Beni, como el Candia-Castedo y otros. Importantes miembros del mismo ejercían cargos claves en la Gobernación y en alcaldías de ese departamento.

De la misma manera ocurre con el secuestro de alrededor de 600 kilogramos del mismo estupefaciente, en el puerto de Amberes, Bélgica. El cuadro que se ofrece es la penetración del narcotráfico a niveles del Gobierno, la Policía y el Órgano Judicial, sugiriendo la existencia de vastas redes de complicidad. En la reciente Cumbre de Seguridad en Trinidad, Beni, el propio presidente Morales denunció estos casos. Si es así, por qué estos organismos no actúan oportunamente. Cómo es posible que la Felcn hubiera ignorado alrededor de 30 vuelos diarios de avionetas con destino a Brasil y Paraguay, prácticamente desde todas las provincias benianas, con alijos considerables de cocaína.

La cantidad impresionante llevada al exterior indica que el Beni está convertido en un gran centro de acopio no solo propio sino de todo el país, más la enorme cantidad de cocaína traída del Perú por avionetas bolivianas, según denuncias continuas de Lima. Así se explica el volumen del comercio ilícito desde el Beni. Las madereras cruceñas, pertenecientes principalmente a colombianos y ecuatorianos, han tomado a su cargo hacer llegar a Europa la criminal sustancia. Tan notoria participación de extranjeros demuestra que, lamentablemente, se conoce que nuestro país brinda adecuadas condiciones para lo ilícito por ausencia del Estado y la fácil corrupción de sus autoridades.

Tan penosa situación llega a lo inesperado e increíble por la penetración del narcotráfico, nada menos que en la cúpula judicial: Tribunal Supremo de Justicia y Tribunal Constitucional Plurinacional, como lo constata la injerencia de ambos tribunales en las resoluciones relativas a hacer imposible la extradición del narco Montenegro, inclusive con alteración de tales resoluciones. En tan vergonzoso desempeño de la Justicia, el MAS no puede eludir su responsabilidad, por ser sus dos tercios legislativos los que eligen a la cabeza del Órgano Judicial. En corrupción y narcotráfico, como país, estamos tocando fondo, encontrándonos en una espiral imparable y cuyo desenlace no es difícil intuir.