OPINIÓN    

La condición real del Alma

Alberto Zuazo Nathes



Todos hablamos de la existencia del Alma, pero a veces se la considera como una abstracción por ser inmaterial. Sin embargo, el término como visión antropológica es reconocido por la mayor parte de los distintos grupos humanos.

Resulta también necesario anotar que los animales y las plantas en general están dotados de alma. De acuerdo con los avances de los estudios fisiológicos y neurológicos, tiene que reconocerse que los seres animados obedecen al mismo tipo de principios físicos que los objetos inanimados, pueden desarrollar actividades diferentes de éstos, como la nutrición, el crecimiento y la reproducción.

Un estudio dedicado al tema ha sido difundido por la enciclopedia Wikipedia, puntualizando que, de acuerdo con la tradición religiosa judeocristiana, el alma es la principal cualidad identificatoria del movimiento en la materia viviente, haciendo de ella un no movimiento (inerte) a un semoviente, independiente del desplazamiento ajeno.

El término aparece también en la visión antropológica de numerosos grupos culturales y religiosos. Wikipedia sostiene que “En la era moderna, el término ‘alma’ se usa con más frecuencia en contextos religiosos”.

Sin embargo, como Antecedentes Históricos, refiere las siguientes conclusiones:

“El término ‘alma’ puede aplicarse, según las más antiguas interpretaciones, a los seres vivos en general (humanos, plantas y animales) como su principio constitutivo. Según algunas interpretaciones, como la de Aristóteles, el alma incorporaría el principio vital o esencia interna de cada uno de esos seres vivos, gracias a la cual éstos tienen una determinada identidad, no explicable a partir de la realidad material de sus partes.

El término se usa también en una acepción más particular, si se refiere a los seres humanos; según muchas tradiciones religiosas y filosóficas, el alma sería el componente espiritual de los seres humanos.

En el transcurso de la historia, el concepto del alma pasa por diversos intentos de aplicación. Desde el dualismo del idealismo filosófico y de la gnosis, a la interpretación existencialista de un todo con dos aspectos específicos, que son: lo material e inmaterial.

Para la religión cristiana, el hombre consta de tres partes, que son: cuerpo (lo físico), alma (lo relacionado con lo emocional) y espíritu (lo relacionado con lo espiritual). De acuerdo con la tradición cristiana, el alma es uno de los aspectos del ser humano, que lo unifica como individuo y lo “lanza” a actividades que van más allá de lo material. Gracias al alma, el ser humano tiene instintos, sentimientos, emociones, pensamientos y decisiones libres, y puede volver sobre sí mismo (autoconciencia).

Aunque no es muy frecuente, el término “alma” puede también utilizarse en lo referido a cualquier ser humano como un todo, obviando el significado religioso o filosófico, como en las expresiones “no hay ni un alma” o “ciudad de 40.000 almas”.

En el marco de la filosofía griega (la más rica en contenidos y extensiones), Platón considera el alma como la dimensión más importante del ser humano. A veces, habla de ella como si estuviese, según el “Timeo”, el alma estaba compuesta de lo identificado y lo diverso, sustancia que el demiurgo usó para crear el alma cósmica y los demás astros; además, los dioses inferiores crearon dos almas mortales: la pasional, que reside en el tórax, y la apetitiva, que reside en el abdomen. Por encima de las dos estaría el alma racional, que encontraría su lugar en la cabeza.

Algo parecido se narra en el “Fedro”, donde se expone el mito de los caballos alados; el auriga es el alma racional, el caballo blanco representa la parte pasional y el negro la parte de los apetitos (siempre rebelde). La tarea del auriga es mantener el caballo negro al mismo galope que el blanco. En el “Fedon”, el alma es vista como una sustancia que busca desligarse de los límites y conflictos que surgen desde su unión con el cuerpo, y que podrá vivir de modo pleno tras el momento de la muerte; el diálogo ofrece diversos argumentos que buscan probar la inmortalidad de ésta.

En conclusión, Tomás de Aquino expone que “Alma y cuerpo llegan a ser co-principios en la explicación de cómo es el ser humano. El ser humano es plenamente corporal, pero tiene algo propio que le permite ir más allá de lo corporal: su alma espiritual. Sin embargo, es el alma la que tiene que estar en primer lugar, mientras el cuerpo existe en cuanto unido al alma”.

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