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Nena, no te enamores de mí

Coral Herrera Gómez



La frase favorita que te sueltan los machos alfa después del primer encuentro sexual es “Nena, no te enamores de mí”. Esos hombres guapos que hacen gala de su mutilación emocional y sentimental.

Se caracterizan porque se sienten muy deseables, y se enorgullecen de su soltería y de su aspecto de “Hombre duro”. No les avergüenza su discapacidad para hacer el amor desnudos. Puede que se quiten la ropa para el momento, pero no la coraza: no quieren complicarse la vida, no quieren sufrir, no quieren mostrar su vulnerabilidad y sus miedos, no quieren perder su libertad, no quieren comprometerse, ni compartirse, ni intimar, ni profundizar en una relación.

No te enamores de mí es una frase cargada de información. Contiene indicaciones, consejos, advertencias, amenazas, y se entona con una pizca de soberbia y otro poquito de victimismo. Los pobres lo pasaron muy mal en algún momento de su vida, y en un arrebato de generosidad, te cuentan que en el año 2000 sufrieron mucho con la traición de una novia a la que amaban con toda su alma y que se fue con su mejor amigo. Desde entonces no confían en ninguna mujer, ni confían en el amor, y te explican en tono paternalista que prefieren ser sinceros para que no haya malentendidos y para que no te hagas ilusiones.

Otros machos alfa simplemente se cierran al amor por miedo, por pereza, y la mayoría, porque son machistas. A los niños les enseñan desde pequeños que las mujeres son todas unas cualquieras, excepto su madre y algunas mujeres más de su familia (la abuela, la hermana, la tía). Las demás mujeres son todas malas, perversas, egoístas, caprichosas, codiciosas, ambiciosas, interesadas: sólo quieren vaciarte el bolsillo y destrozar tu corazón. Por eso hay que defenderse de todas ellas.

Nosotras somos las enemigas, y la batalla consiste en luchar para ver quién domina a quién.

No es sólo que tengan miedo del poder de las mujeres, es que además quieren ejercer su poder de una forma absolutista y totalitaria: a las mujeres hay que domesticarlas. Y para tenerlas a sus pies, saben que hay que tratarlas mal. Si les das todo, se aburren y te abandonan. Si las pones obstáculos, si te sienten difícil de conquistar, se volverán locas de amor y se volcarán en el empeño de ser amadas. La mejor manera de someter a las mujeres es enamorándolas, tratándolas como si fueran seres inferiores o poco importantes, e intentando no enamorarte tú.

Esto es lo que la cultura patriarcal les enseña:

Las mujeres son como el juego del frontón, cuanto más duro les das, más rápido llegan a ti.

El que se enamora, pierde.

HAY MUY POCAS PRINCESAS

Por eso cuesta tanto encontrar a la mujer de su vida. Ellos no pierden la fe: algún día aparecerá en sus vidas esa chica dulce, sumisa, tranquila, obediente, devota del amor y del hombre al que ama. Una mujer dependiente, pasiva, con poca autoestima, miedosa, servil, que nació para amarle, que aguanta todo lo que le echen, que es capaz de soportarlo todo “por amor”.

Mientras llega la media naranja, el macho alfa se entretiene con mandarinas: se acuesta con todas las que le apetece, pero a ninguna entrega su corazón.

No te enamores de mí es una frase que también sirve para que elijas: o lo tomas, o lo dejas. Si decides quedarte, tienes que aceptar sumisamente el tipo de no-relación que te está proponiendo.

No te enamores de mí es una frase que provoca en las mujeres diferentes reacciones. Unas salen corriendo espantadas, otras se decepcionan. Unas se ríen en su cara a carcajada limpia y le dejan en calzones. Unas no hacen ni caso. Otras se lo toman a mal y contestan con ironía que de dónde se ha sacado que ellas van a enamorarse así como así de cualquiera.

Y luego están las que se enamoran irremediablemente: las amantes de los retos, las que se aburren en relaciones felices, las devotas de las causas imposibles y las batallas perdidas. No es sólo que estén muy necesitadas de amor, es que además la frase No te enamores de mí, nena, va directa al Ego, que se dice a si mismo: “¿como que no?, veremos quien se enamora de quién, acabarás de rodillas, bonito, pidiendo amor, ya lo verás”

Así es como las mujeres caemos en las trampas del patriarcado para que nos arrastremos detrás de los hombres.

El masoquismo romántico se mezcla con el rol femenino de los cuidados. Basta con que nos den un poco de penilla para que nos pongamos maternales y nos creamos las salvadoras: no podemos evitar cuidar al niñito inseguro que se niega a trabajarse su masculinidad, a crecer, a evolucionar.

La trampa del patriarcado es hacernos creer que podemos ser las elegidas, y que podemos serlo todo para ellos. A ellos les gustan las mujeres libres para la cama, y las sumisas para casarse. Y nosotras creemos que podremos cumplir con los dos papeles y más. Ser la amiga, la amante, la enfermera, la psicóloga, la madre, la cocinera, la compañera: soñamos con cumplir todos estos papeles y así ser las candidatas al trono del matrimonio, y al paraíso romántico en el que podrás vivir si eres coronada como la Reina de su corazón curado.

¿Merece la pena tener una relación o una no-relación con un mutilado emocional?

ROTUNDAMENTE, NO

Nuestras energías son limitadas y nuestro tiempo de vida es muy corto: tenemos apenas unos años para vivir, para aprender, para gozar, para explorar, para crecer, para llevar a cabo nuestros sueños y nuestros proyectos. No podemos malgastarlos en relaciones en las que no podemos ser nosotras mismas, en las que tenemos que disimular, reprimirnos, mutilarnos nosotras también. No compensa estar con alguien que sólo pone obstáculos, muros y prohibiciones. No merece la pena construir una relación en la que no vamos a ser felices.

No compensa juntarse a alguien que impone sus normas y sus muros de protección, y no te pregunta qué tipo de relación te gustaría construir.

No compensa empezar una relación basada en la guerra, el miedo, la desconfianza, la desgana, la desigualdad, el absolutismo, y el sufrimiento de una de las dos partes.

No se puede ser feliz al lado de alguien que no sabe o no quiere disfrutar del amor y de la vida.

Es demasiado doloroso y agotador estar en una relación tan limitada, porque hay que estar constantemente trabajándose la autoestima para no sentirse poca cosa al lado de alguien que nos trata como si fuéramos poca cosa.

Cuando un hombre te prohíbe enamorarte de él, es el mejor momento para rebelarse y poner el feminismo en práctica. Si queremos acabar con el patriarcado, tenemos que dejar de aceptar las migajas que nos ofrecen y huir de las relaciones desiguales en las que hemos de aceptar las condiciones que impone el otro.

Para aplicar el feminismo al terreno de las relaciones sexuales, afectivas y sentimentales, hay que relacionarse horizontalmente, sin jerarquías, sin seguir el esquema clásico del amo y el esclavo. Empoderarse individual y colectivamente ante el amor supone romper con la necesidad de ser amada y con el miedo a la soledad, porque la necesidad y el miedo nos hacen dependientes de los hombres, y nos sitúan siempre en una posición de sumisión.

Si queremos acabar con el machismo y la violencia, tenemos que evitar perder el tiempo y las energías en relaciones que no van a ninguna parte.

Y como nosotras lo que queremos es disfrutar y dejar de sufrir, entonces no podemos conformarnos con lo poco que nos ofrecen los mutilados emocionales. Podemos y debemos aspirar a más: el amor es para gozar, para crecer, para florecer, y si no nos dejan bailar, no es nuestra relación.

Para romper con la cultura del romanticismo patriarcal, tenemos que dejar de esperar el milagro romántico, y el mito de que el amor todo lo puede: cuando una persona no te considera apta para enamorarse de ti, entonces lo mejor es no entrar en la relación y seguir tu camino. Si te cuidas a ti misma y te quieres bien, entonces no te quedes al lado de una persona que no quiere quererte.

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