OPINIÓN    

Mujeres, ¿hasta cuándo?

Juan José Chumacero



¿Somos un país analfabeto en derechos humanos? Sí. Y es que la violencia contra las mujeres es alarmante. La ONU refiere a la violencia como “todo acto basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico”. En 2006, se pensó que con “otro” gobierno sería diferente ¡qué ilusos fuimos! En los últimos 13 años llega a límites “extremos”, donde las estadísticas se quedan “chicas”. Por donde se mire, estos vejámenes no reparan siquiera en la edad.

El sistema de gobierno condiciona -con sus leyes coloniales y paternales- a las mujeres y hombres a tener más “libertad” de expresar su energía (léase, sexualidad), otorgando a diestra y siniestra todo tipo de –dicen- “derechos”, que en muchos casos derivó en “libertinaje” (léase, descontrol social). Inequívocamente, el incremento de estas “salvajadas” insufla el descarrío de los instintos, sobre todo de los (machistas) deseducados, que pareciera se sienten prohijados a una “invitación al abuso” en complemento con una misoginia (léase odio a la mujer).

En los últimos 4 meses la Felcv atendió más de 750 casos de violencia. Hubo más de 95 feminicidios y todos están en investigación –ahí se llega-. Hace dos meses –en Yungas– un hombre apuñaló a su mujer por celos. Los dos estaban borrachos. Hace un mes una universitaria en Beni fue violada y quemada por su docente y dos de sus compañeros. Los cuatro estaban borrachos. Hace semanas una niña de 11 años, en el norte de La Paz, quedó embarazada, su violador –que vivía con ella- la obligó a abortar y falleció. Nada pasó. Doce embarazos al mes en niñas de 10 a 12 años, es señal de alerta, es poco probable que a esa edad puedan tener relaciones sexuales consensuadas (Geraldine Zambrana, 2019). Pero se difunde, hasta el hartazgo, los derechos de niñ@s.

Con razón la Cepal dice que Bolivia es el N° 1 en feminicidios (2018) en la región. Somos “campeones” en matar y violar mujeres. Sí, porque “feminicidio” suena a “cosa rara”, poco agresiva. Ellas no mueren, enfatiza Lupe Andrade (2019), de odio, solamente las matan ferozmente, a palos, a patadas, golpes, puñaladas y tiros. Son violadas, estranguladas, degolladas o envenenadas con sadismo. Esto no es “normal”, como pretenden mostrarnos los negligentes y abúlicos patriarcales. Es más, la Cepal afirma que en Bolivia -en tiempos de cambio- aumentaron las víctimas de coito u otro tipo de relaciones sexuales forzadas.

¿Qué queda? Aparte del apoyo y la empatía, incluye una concientización de la realidad evitando la alienación violenta. Forjar una educación alternativa (no oficial) preventiva, promovida por las propias mujeres. Evitar esos comportamientos de niñ@s violent@s; en muchos, inducida por la misma familia. Una “auto-educación” (léase, tomar conciencia de su situación), sin que signifique “humillarse” –eso también es machista-. Creer que un Estado patriarcal que caricaturiza su “machismo” con mitos que les indican cómo debe ser un “hombre”, hará algo, es iluso. Basta de creer conocer al hombre de su entorno (amigo, familiar, empleador, etc.). Madres, dejen de proteger a su mascota y su celular, cuiden a sus hij@s. Prevengan el consumo de alcohol que refuerza la testosterona y predispone a incurrir en la violencia. Colegialas, basta de creer en sus “libertades sexuales” otorgadas por el poder, que inducen a comportamientos maliciosos, morbosos, hasta eróticos, mediados por un lenguaje soez y vulgar, ¡no sean machistas!

El autor es Director del Centro de Investigación, Servicios Educativos y de Comunicación (Cisec).

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