EDITORIAL    

Atentados a la imagen urbana



Se ha constituido en un atentado urbano el pintado de las paredes de los inmuebles de la ciudad de La Paz, puesto que desfigura su imagen, aparte de tener un costo económico para sus dueños, sean privados o públicos. En casos, llegan a abarcar casi su integridad, sin que se tenga el mayor reparo ni idea de la magnitud del delito que se comete.

Por circunstancias naturales, como es la original topografía en la que se halla, así como por la altura que tiene respecto al nivel del mar (3.600 metros), La Paz es la “capital” probablemente más original del orbe. Estas singularidades puede que le confieran un motivo mayor de atracción turística, aunque es más probable que la desfavorezcan.

Esto último no precisamente en su aspecto físico, sino que se producen casos en los que sus visitantes son afectados en su salud, en especial por limitaciones respiratorias, pues en la altura hay menos oxígeno que a nivel del mar.

Empero, este problema tiene efectos momentáneos, todo depende de adoptar ciertas previsiones, acerca de las cuales debería siempre existir bastante información, tanto en el aeropuerto como en la estación de buses y en los controles viales.

La mayor recomendación que se debe hacer es no caminar en las primeras 24 horas de estancia en la ciudad, pero ante la eventualidad de que tenga algún otro origen, las autoridades de salud y policiales deben tomar las precauciones necesarias, en particular disponiendo de información impresa, por medio de volantes, de lectura corta, de manera que a simple vista se tenga los consejos a ser tomados.

La cuestión que probablemente más afecta a La Paz es su imagen urbanística. Como anotamos, las paredes de sus inmuebles, edificios e inclusive monumentos son dañados gravemente con los pintarrajeos y garabatos que gente ignorante o inconsciente no tiene reparo alguno en hacer.

En algunos casos se aprecia que son efectuados por menores o adolescentes, pero se advierte también que se trata de gente mayor y que se supone tiene ya cierto nivel de cultura y comportamiento en las vías públicas.

Ante la magnitud de estos atentados y/o delitos, no se advierte la toma de sanciones por parte de las autoridades municipales y policiales. En buena medida, la ciudad de La Paz se asemeja a un lugar abandonado, donde se puede cometer cualquier falta de orden público.

En cierta ocasión, hace algunos años, los funcionarios de tales organismos anunciaron que se aplicaría sanciones pecuniarias e inclusive detenciones contra los autores de tales pintarrajeos, pero por lo que sucede al respecto, fue una reacción momentánea o circunstancial, ni siquiera dejaron alguna lección de respeto a la ciudad.

Frente a esta realidad, tales sanciones tienen que ser permanentes y hasta rigurosas, pues la cuestión no solo es cuidar el aspecto urbano, sino que resulta ser también un delito económico, en consideración a que los dueños de los inmuebles, sean particulares o públicos, tienen que cubrir el costo de las pinturas, así como de la mano de obra de los trabajadores especializados en esta materia.

Por tanto, lo que corresponde a las autoridades municipales y policiales, éstas últimas porque son custodias del orden público, es castigar a los autores de esas fechorías, tanto en materia de costo como aplicar la sanción corporal.