OPINIÓN    

Cochabamba y el universalismo de la bolivianidad

Hans Dellien S.



Es además del valle central de Bolivia, la Llajta, como se la pronuncia en el dulce quechua de Jesús Lara, y se solaza en la íntima querencia valluna respirando el inmortal verso de García Lorca: "verde que te quiero verde...". Por idiosincrasia espiritual y geografía anímica, hay en los collas de la " Muy noble Villa de Oropesa", desde 1571, cuando el español Sebastián Barba de Padilla la fundó, una gracia aldeana hechizada por bucólico latido engastado en sus cuencas y hoyas, rodeadas de azules montañas, pueblo de contactos y enlaces coloniales entre las capitales virreinales de Lima y Buenos Aires. El río Mamoré nace en Sacaba y después hace meandros fabulosos e integra la hoya amazónica de Santa Cruz, Cochabamba, Beni, hasta su límite con el Brasil.

Creció con la canción vegetal de su dorada mies y el verdecer de sus maizales, mientras sus hombres y mujeres soportaban casi tres siglos de opresión, con la inquietante ansia de libertad. Pueblo con un sentido de originalidad que jamás le abandonara. Jorge Luis Borges lo dijo alguna vez, "lo mismo da: no hay un pueblo de la provincia que no sea idéntico a los otros, hasta en lo de creerse distinto...".

Nataniel Aguirre, político, guerrero y escritor dejó en su virgiliano relato "Juan de la rosa", el testamento de la tiranía. La gesta de Murillo en La Paz tuvo pronta repercusión americana y el 25 de mayo de 1810, Buenos Aires depone al virrey, organizando su Junta de gobierno. Es la hora señalada por el sufrimiento y decisión para que Cochabamba el 14 de septiembre de 1810 a través de cuatro adalides rompa la quietud histórica de la fecha: Francisco del Rivero, Esteban Arze, Melchor Guzmán Quitón, y el Robespierre de la revolución, el sacerdote patriota Juan Bautista Oquendo, cuya elocuencia fue decisiva.

Entre tanto, los realistas al mando del Cnel. Piérola avistan a los patriotas de Arze en las planicies de Aroma, librándose la batalla del 14 de noviembre de 1810, los patriotas se ciñen el laurel de su victoria. Han de transcurrir dos años hasta el 27 de mayo de 1812, cuando el temible José Manuel Goyeneche, después de derrotar a Esteban Arze en Pocona, pretende entrar triunfante en la ciudad rendida del valle, y pocos ejemplos hay en la historia de mujeres, ancianos y niños, guerreando con furor contra ejércitos profesionales, como lo hicieron las Heroínas de la Coronilla y a pesar de su derrota fue epopeya, mas no la única en sus 188 años de liberación.

Creada como departamento por Antonio José de Sucre en enero de 1826, Cochabamba crece con abolengo y tradición. Desde la espumante cerveza en 1893, hasta la llegada del primer avión metálico Junkers de Alemania, con él, el municipalismo cochabambino hizo gala de sabia genialidad creando en 1925 el Lloyd Aéreo Boliviano, primera y gran empresa de aeronavegación nacional. Cómo olvidar a la alondra solitaria, Adela Zamudio, germen del movimiento feminista o a Martín de Cárdenas, egregio botánico que nos hace universales con la clasificación de sus plantas Cardenáceas. O al mejor pintor barroco, Melchor Pérez de Holguín; sus lienzos exhalan el misticismo nativo más patético del Siglo XVIII.

Cochabamba inicia la producción de hidrocarburos y ya en esa época del Siglo XX está como líder nacional en este rubro de riqueza y en electricidad. Antes granero nacional, hoy recupera su frontera agrícola en los valles meso térmicos. El luctuoso 22 de mayo, Aiquile, Mizque y Totora universalizan sus nombres bajo el signo de la tragedia, pero Cochabamba tenía sed y desde ese tiempo luchó por Misicuni y Corani, anhelos que tuvieron que ser simultáneamente concluidos. No en vano, el “chueco” Céspedes, cual profeta y moderno Huyustus, escribió ese cuento también universal "El Pozo", cuando la sed torturante desciende a los más bajos fondos del sufrimiento humano.

También ensalzó este verde valle Jaime Laredo y su mágico violín, el pianista Ponce, inolvidable el emulo del matemático Euclides, el profesor Escalante, la meno soprano Berta Cabrera y el barítono Gastón Paz. Y las voces del pasado embargado por la muerte: Sergio Almaraz y la oratoria en el parlamento de Marcelo Quiroga Santa Cruz, Demetrio Canelas, Arturo Urquidi, Man Césped y tantos otros. Cochabamba siguió creciendo hasta alcanzar el nombre de trópico cochabambino, corazón geopolítico de la nación que el 14 de septiembre recibe el homenaje del país. ¡¡Felicidades!!

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